Convicciones

1. El SEÑOR, el Dios de Israel, es el único Dios verdadero

El Dios creador de los cielos y la tierra (Gen. 1:1), Dios y Padre de Israel y de nuestro Señor Jesús el Mesías (Deut. 32:6; Isa. 63:16; Rom. 15:6), es el único Dios eterno y verdadero (Gen. 21:33; Isa. 40:28; Jer. 10:10; Juan 17:3; Rom. 16:26; 1 Cor. 8:5-6); Dios de dioses y Señor de señores (Deu. 10:17; Dan. 2:47; Sal. 136:2), y no hay ninguno que se compare a El (Exo. 15:11; Sal. 86:8).

Conforme a Sus pactos El se ha dado a conocer por medio de Sus actos para con la nación de Israel (Exo. 9:13-16; Sal. 106:7-8; Rom. 9:17). Manifestó Su gloria al redimir a Su pueblo en el Exodo y al encarnarse en la persona del Mesías Jesús (Juan 1:14; 2:11; 17:26), y la manifestará ante todas las naciones al salvar y redimir a Su pueblo en el Nuevo Éxodo durante el Día del Señor (Rom. 15:7-11; Isa. 2:10-11; 64:1-2; Eze. 38:17-23).

El siempre ha existido y existirá en tres personas distintas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo (Gen. 1:1-3; Mat. 28:18-20; 2 Cor. 13:14). Tanto teológica como ontológicamente El es absolutamente distinto a todo otro dios, incluyendo los dioses falsos de las llamadas religiones monoteístas como el Islam.

En más de doscientas ocasiones El es llamado “el Dios de Israel”, de manera tal que cualquier idea acerca de Dios desconectada de Su pacto eterno con el pueblo escogido sería como mínimo incompleta y en última instancia incorrecta (Gen. 33:20; Exo. 5:1; 1 Rey. 1:48; Isa. 24:15, 37:16; Sal. 41:13, 72:18; Mat. 15:29-31; Luc. 1:68-73).

2. La Escritura es inspirada, verdadera y fiel

Las Escrituras—la Ley, los Profetas y los Salmos (el Antiguo Testamento, Luc. 24:44), junto con el testimonio del Señor Jesús y Sus apóstoles (el Nuevo Testamento)—fueron inspiradas por el Espíritu Santo en el contexto de pactos, promesas y cumplimientos a lo largo de la historia de Dios con la nación de Israel y las naciones vecinas (Exo. 32:15-16; Deu. 10:1-5; Mar. 12:36; Hch. 4:24-25; Efe. 3:4-5; 2 Tim. 3:16-17; 2 Ped. 1:19-21).

Por ser de carácter de pacto, afirmamos que la Biblia es infalible (los pactos y promesas se cumplirán, siendo confirmado por las primicias del Espíritu) y autoritaria (esos pactos y promesas demandan una respuesta de fe y arrepentimiento que tendrá consecuencias eternas).

Creemos tambien que la Biblia debe leerse e interpretarse en su propio contexto tomando en cuenta la cosmovisión de Israel y los pueblos vecinos durante las épocas del antiguo cercano oriente y el segundo templo (los períodos en que fue escrita), así como las reglas básicas de la gramática y los géneros literarios. Más importante aún es reconocer la elección del pueblo judío como aquellos a quienes se les confiaron “los oráculos de Dios” (Rom. 3:2; 9:4-5).

Ver Zac 7.12

3. Adán fue el primer hombre y por el entró el pecado

Adán fue el primer hombre que existió, creado por Dios a Su imagen y semejanza en el sexto día (Gen. 1:26-28; 1 Cor. 15:45). Esto asume la convicción de que la creación es reciente (aprox. 6,000 años), que fue creada en seis días literales de 24 horas, y que el Diluvio en los días de Noé fue global y no local, para lo cual hay evidencia histórica y científica.

Por medio de Adán también entró el pecado y por medio de su pecado la muerte (Gen. 3:6; Rom. 5:12). De manera tal que la muerte no era parte de la condición original de la creación sino que es parte de la maldición impuesta sobre la creación (Gen. 3:17-19). Sin embargo, esa maldición será revocada finalmente por Jesús, “el último Adán”, en Su venida (Rom. 5:14-18; 1 Cor. 15:20-23; Zac. 14:9-11; Apo. 22:3).

4. Jesús es Señor y Mesías, el Rey de Israel

Jesús de Nazaret es el Mesías anunciado por las Escrituras (Mat. 1:1, 16; Luc. 24:25-27; 44; Jn. 5:39, 45-46; Rom. 1:1-4) y por lo tanto esperado por el pueblo de Israel (Luc. 7:19-23; 1 Cor. 15:19; Efe. 1:12). También conforme a las Escrituras de la Ley y los Profetas, ese Mesías sería Yahweh mismo hecho hombre, el Dios de Israel (Gen. 48:15-16; Exo. 23:20-23; Jud. 5; Sal.45:6-7

***En construcción.

Cuando Jesús llegó a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a Sus discípulos: “¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?”Y ellos respondieron: “Unos, Juan el Bautista; y otros, Elías; pero otros, Jeremías o alguno de los profetas.” “Y ustedes, ¿quién dicen que soy Yo?” les preguntó Jesús. Simón Pedro respondió: “Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios viviente.”” (Mateo 16:13–16)

Estando reunidos los Fariseos, Jesús les hizo una pregunta: “¿Cuál es la opinión de ustedes sobre el Mesías? ¿De quién es hijo?” “De David,” le contestaron ellos. Jesús les dijo: “Entonces, ¿cómo es que David en el Espíritu Lo llama ‘Señor,’ diciendo:‘Dijo el Señor a mi Señor: “sientate a Mi diestra, hasta que ponga a Tus enemigos debajo de Tus pies” ’?“Pues si David Lo llama ‘Señor,’ ¿cómo es El su hijo?”” (Mateo 22:41–45)

Al sexto mes, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen comprometida para casarse con un hombre que se llamaba José, de los descendientes de David; y el nombre de la virgen era María. […] Y el ángel le dijo: “No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios. “Concebirás en tu seno y darás a luz un Hijo, y le pondrás por nombre Jesús. “Este será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de Su padre David; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y Su reino no tendrá fin.” Entonces María dijo al ángel: “¿Cómo será esto, puesto que soy virgen?” El ángel le respondió: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Niño que nacerá será llamado Hijo de Dios.” (Lucas 1:26–35)

También de muchos salían demonios, gritando: “¡Tú eres el Hijo de Dios!” Pero, reprendiéndolos, no les permitía hablar, porque sabían que El era el Mesías.” (Lucas 4:41)

“Rabí, Tú eres el Hijo de Dios, Tú eres el Rey de Israel,” respondió Natanael.” (Juan 1:49)

Pero muchos de la multitud creyeron en El, y decían: “Cuando el Mesías venga, ¿acaso hará más señales que las que éste ha hecho?”” (Juan 7:31)

Y muchas otras señales hizo también Jesús en presencia de Sus discípulos, que no están escritas en este libro; pero éstas se han escrito para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios; y para que al creer, tengan vida en Su nombre.” (Juan 20:30–31)

“Sepa, pues, con certeza toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien ustedes crucificaron, Dios lo ha hecho Señor y Mesías.” (Hch. 2:36)

“Por tanto, arrepiéntanse y conviértanse, para que sus pecados sean borrados, a fin de que tiempos de alivio vengan de la presencia del Señor, y El envíe a Jesús, el Mesías designado de antemano para ustedes. “A El el cielo debe recibir hasta el día de la restauración de todas las cosas, acerca de lo cual Dios habló por boca de Sus santos profetas desde tiempos antiguos. “Moisés dijo: ‘El Señor Dios les levantara a ustedes un profeta como yode entre sus hermanos; a El prestaran atencion en todo cuanto les diga. ‘Y sucederá que todo el que no preste atención a aquel profeta, será totalmente destruido de entre el pueblo.’ “Asimismo todos los profetas que han hablado desde Samuel y sus sucesores en adelante, también anunciaron estos días. “Ustedes son los hijos de los profetas y del pacto que Dios hizo con sus padres, al decir a Abraham: ‘Y en tu simiente seran benditas todas las familias de la tierra.’ “Para ustedes en primer lugar, Dios, habiendo resucitado a Su Siervo, Lo ha enviado para que los bendiga, a fin de apartar a cada uno de ustedes de sus iniquidades.”” (Hch. 3:19–26)

Después de pasar por Anfípolis y Apolonia, Pablo y Silas llegaron a Tesalónica, donde había una sinagoga de los Judíos. Y Pablo, entró según su costumbre, y por tres días de reposo discutió con ellos basándose en las Escrituras, explicando y presentando evidencia de que era necesario que el Mesías padeciera y resucitara de entre los muertos, y diciendo: “Este Jesús, a quien yo les anuncio, es el Mesías.”” (Hch. 17:1–3)

Cuando Silas y Timoteo llegaron de Macedonia, Pablo comenzó a dedicarse por completo a la predicación de la palabra, testificando solemnemente a los Judíos que Jesús era el Mesías.” (Hch. 18:5)

Pablo, siervo del Mesías Jesús, llamado a ser apóstol, apartado para el evangelio de Dios, que El ya había prometido por medio de Sus profetas en las Sagradas Escrituras. Es el mensaje acerca de Su Hijo, que nació de la descendencia de David según la carne, y que fue declarado Hijo de Dios con un acto de poder, conforme al Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos: nuestro Señor Jesús el Mesías.” (Romanos 1:1–4)

Haya, pues, en ustedes esta actitud que hubo también en el Mesías Jesús, el cual, aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse, sino que Se despojó a sí mismo tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres. Y hallándose en forma de hombre, se humilló El mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también lo exaltó hasta lo sumo, y le confirió el nombre que es sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en el cielo, y en la tierra, y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesús el Mesías es Señor, para gloria de Dios Padre.” (Filipenses 2:5–11)

Porque son Israelitas, a quienes pertenece la adopción como hijos, y la gloria, los pactos, la promulgación de la ley, el culto y las promesas, de quienes son los patriarcas, y de quienes, según la carne, procede el Mesías, el cual está sobre todas las cosas, Dios bendito por los siglos. Amén.” (Romanos 9:4–5)

5. Sólo por Su sangre, tanto el judío como el gentil es justificado

***En construcción.

Por tanto, hermanos, sepan que por medio de El les es anunciado el perdón de los pecados; y que de todas las cosas de que no pudieron ser justificados por la Ley de Moisés, por medio de El, todo aquél que cree es justificado. “Tengan, pues, cuidado de que no venga sobre ustedes aquello de que se habla en los profetas: ‘Miren, burladores, maravillense y perezcan; porque Yo hago una obra en sus dias, una obra que ustedes nunca creerian aunque alguien se la describiera.” (Hch. 13:38–41)

Pero ahora, aparte de la Ley, la justicia de Dios ha sido manifestada, confirmada por la Ley y los Profetas. Esta justicia de Dios por medio de la fe en Jesús el Mesías es para todos los que creen. Porque no hay distinción, por cuanto todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios. Todos son justificados gratuitamente por Su gracia por medio de la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios exhibió públicamente como propiciación por Su sangre a través de la fe, como demostración de Su justicia, porque en Su tolerancia, Dios pasó por alto los pecados cometidos anteriormente, para demostrar en este tiempo Su justicia, a fin de que El sea justo y sea el que justifica al que tiene fe en Jesús.” (Romanos 3:21–26)

Por tanto, habiendo sido justificados por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesús el Mesías, por medio de quien también hemos obtenido entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. […] Porque mientras aún éramos débiles, a su tiempo Cristo murió por los impíos. Porque difícilmente habrá alguien que muera por un justo, aunque tal vez alguno se atreva a morir por el bueno. Pero Dios demuestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Entonces mucho más, habiendo sido ahora justificados por Su sangre, seremos salvos de la ira de Dios por medio de El. Porque si cuando éramos enemigos fuimos reconciliados con Dios por la muerte de Su Hijo, mucho más, habiendo sido reconciliados, seremos salvos por Su vida. Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por medio de nuestro Señor Jesús el Mesías, por quien ahora hemos recibido la reconciliación.” (Romanos 5:1–11)

¿O no saben que los injustos no heredarán el reino de Dios? No se dejen engañar: ni los inmorales, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los difamadores, ni los estafadores heredarán el reino de Dios. Y esto eran algunos de ustedes; pero fueron lavados, pero fueron santificados, pero fueron justificados en el nombre del Señor Jesús el Mesías y en el Espíritu de nuestro Dios.” (1 Corintios 6:9–11)

Porque nosotros también en otro tiempo éramos necios, desobedientes, extraviados, esclavos de deleites y placeres diversos, viviendo en malicia y envidia, aborrecibles y odiándonos unos a otros. Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y Su amor hacia la humanidad, El nos salvó, no por las obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino conforme a Su misericordia, por medio del lavamiento de la regeneración y la renovación por el Espíritu Santo, que El derramó sobre nosotros abundantemente por medio de Jesús el Mesías nuestro Salvador, para que justificados por Su gracia fuéramos hechos herederos según la esperanza de la vida eterna.” (Tito 3:3–7)

6. El Día del Señor está cerca

***En construcción.

7. Los dones y el llamado del remanente de Israel son irrevocables

***En construcción.

8. Las primicias del Espíritu garantizan la gloria que vendrá

***En construcción.

9. El Reino de Israel será restaurado

***En construcción.

Buscamos basar nuestras convicciones acerca de la nación de Israel en el testimonio profético de las Escrituras, el cual descarta absolutamente cualquier esfuerzo meramente humano (el brazo de la carne) que busque en vano afirmar o perpetuar el estado de Israel. Aunque creemos que Dios ha permitido el surgimiento del estado de Israel como parte de Su plan soberano en el fin del siglo, nuestra esperanza está puesta completamente en el Día cuando El mismo vendrá del cielo para salvar a Su pueblo y restaurar el Reino a Israel por medio de Jesús Su Mesías, el Brazo del Señor (Sal. 44:1-3, 77:14-15, 98:1-3; Isa. 40:9-11, 51:4-5, 52:8-10, 53:1-3, 64:1-12; Mat. 19:28; Hch. 1:6). Por lo tanto, no creemos que el estado de Israel sea el cumplimiento de las promesas en los profetas acerca de la restauración de Zion y el regreso de los judíos dispersos en las naciones de la tierra.

10. La iglesia será reunida en Jerusalén

***En construcción.

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