Afirmando la esperanza de un Reino futuro

por | Jul 21, 2016 | Artículos, John Harrigan

Un análisis de pasajes comúnmente asociados con la escatología realizada

Desde sus orígenes durante el periodo del Nuevo Testamento (cf. 2 Tes. 2:2; 1 Tim. 6:20; 2 Tim. 2:18), la plaga de la escatología realizada ha persistido a lo largo de la historia de la iglesia. Sin embargo, ha habido un resurgimiento significativo en tiempos modernos, convirtiéndose en el estándar de mucha exposición teológica a lo largo de un amplio espectro de denominaciones y campos teológicos. Este resurgimiento se debe principalmente a los escritos de C.H. Dodd[1] y quienes se han acomodado a sus ideas.[2]

El deseo de Dodd era contrarrestar la creciente ola de eruditos ultra críticos (Schweitzer et al.), quienes dijeron que Jesús no era sino un judío común que creía y confiaba en la escatología judía común de su época. Siendo incrédulos, estos académicos afirmaron que Jesús simplemente estaba equivocado, y por eso sus ilusiones llegaron a un fin desastroso cuando los romanos lo mataron. (Por supuesto, la iglesia primitiva resucitó sus ilusiones para tapar su fracaso.) Por lo tanto, Dodd tuvo a su favor la noble intención de querer restaurar la percepción acerca de Jesús a un sentido de identidad y misión divina.

La escatología realizada fue la herramienta que Dodd utilizó para salvar a Jesús de la vergüenza de sus sueños judíos fallidos. Aunque Jesús estaba muy consciente de la escatología de su tiempo, él supuestamente era particular al creer que estaba cumpliendo esas esperanzas espiritualmente en sí mismo y en su propio ministerio.[3] La creencia de Dodd en esta realización se basó en gran medida en un marco conceptual platónico dentro del cual el “totalmente distinto” orden trascendental (sobrenatural) se manifiesta materialmente en el tiempo y el espacio.[4] Esta creencia en una presente manifestación fue justificada por citas selectivas de versos particulares (Marcos 1:15; Mateo 12:28; Lucas 17:21; etc.) y un rechazo radical de la mayoría de las declaraciones apocalípticas de Jesús.[5]

Para decirlo sin rodeos, el método crítico de Dodd para ignorar tantos pasajes claramente apocalípticos fue prácticamente ridículo.[6] Por lo tanto, fueron pocos quienes le siguieron de todo corazón. Sin embargo, una posición mediadora (la escatología inaugurada), que pretendía poner en tándem tanto una escatología realizada así como el apocalipticismo judío, comenzó a afianzarse en Europa después de la Segunda Guerra Mundial (nótese la ironía de la retórica antisemita de Dodd durante la guerra[7]). Este enfoque inauguracionalista finalmente se abrió camino en el evangelicalismo estadounidense (George Ladd et al.), y desde allí se ha extendido hasta los confines de la tierra.

Por desgracia, las únicas personas que han cuestionado el dogma inauguracionalista tienen ya sea un prejuicio liberal o dispensacional. Yo rechazo ambos con toda firmeza, sosteniendo la inspiración divina de la Biblia y la identidad divina de Jesús, mientras que también sostengo que hay un solo plan de redención tanto para el judío como para el gentil. No hayo vergüenza alguna en la cosmovisión apocalíptica-judía de Jesús, sino más bien la acepto de todo corazón, pues en ella encontramos la plenitud de la verdad y la vida. Dios designó la cruz como el medio sacrificial para obtener la gloriosa esperanza de la resurrección y la vida eterna—para el judío primero y luego para los gentiles (Rom. 1:16; 2:9-10).

Sin embargo, multitudes que han seguido los pasos de Dodd, han rechazado dicha escatología judía (note también el notorio rechazo de Dodd de la expiación propiciatoria). Y, como Dodd, utilizan los mismos versos para justificar su rechazo (Marcos 1:15; Mateo 12:28; Lucas 17:21; etc.).[8] Por supuesto, como Johannes Weiss señaló en su generación, la erudición liberal del siglo 19 utilizó los mismos versículos para demostrar la existencia de un reino moralista presente.[9] En este artículo se examinarán estos versos en su contexto, junto con algunas de las parábolas de Jesús y las declaraciones de Pablo que también se citan fuera de contexto.[10] El objetivo de este estudio es demostrar que, lejos de indicar una creencia en la realización (el cumplimiento) de la escatología judía, estos versos son en realidad una potente reafirmación de la cosmovisión apocalíptica.

Las declaraciones de Jesús

En el corazón de toda la controversia sobre la escatología realizada se encuentra Jesús y sus declaraciones. ¿Afirmó El la esperanza judía de la ley y los profetas, o era el Llanero Solitario del judaísmo del segundo templo que proclamó la presente realización espiritual del reino?[11] El sentido común sugiere la primera opción.[12] Desde el surgimiento de la escatología realizada, sin embargo, una serie de declaraciones han sido consistentemente mencionadas como prueba de que Jesús fue el pionero en la proclamación de la realización espiritual de la escatología judía.

Johannes Weiss identificó los bastiones clásicos que se encuentran en Mateo 12:28 (“El reino de Dios ha llegado a ustedes”) y Lucas 17:21 (“El reino de Dios está entre ustedes”, RV).[13] Charles H. Dodd se apropió de ambos con todo su corazón, y también de Marcos 1:15 (“El reino de Dios está cerca”) y Mateo 11:12 (“El reino de los cielos sufre violencia”).[14] Además, Dodd declaró con toda confianza que las parábolas de Jesús reforzaron el “misterio” (Marcos 4:11, RV) de la escatología realizada contenida en esas palabras.[15] Por desgracia, multitudes se han refugiado ciegamente en “el castillo hermenéutico construido sobre arenas movedizas”[16] que Dodd edificó, repitiendo como loros casi palabra por palabra sus supuestas evidencias para la escatología realizada.

Antes de examinar las declaraciones de Jesús y de Pablo, debemos decir algo sobre la relación entre la escatología realizada y los verbos en el griego de la Biblia. Históricamente, toda la estructura de la escatología realizada se ha edificado principalmente a base de conceptos escatológicos (especialmente el reino de Dios) con verbos griegos en tiempo pasado o tiempo presente. Sin embargo, en relación al verbo griego, ha habido un tipo de revolución en los estudios lingüísticos recientes del Nuevo Testamento.[17] En lugar de comunicar tiempo (pasado, presente y futuro), los verbos griegos comunican principalmente aspecto (perfectivo, imperfectivo y estativo).[18] Similar a los verbos hebreos, los verbos griegos generalmente no comunican el tiempo de la acción, sino más bien “la manera en que el usuario del verbo ve subjetivamente la acción.”[19] El tiempo de la acción está determinado principalmente por su contexto, incluyendo adverbios, género y referencias históricas.[20]

Este enfoque de los verbos en el griego resuelve el problema histórico de tantos verbos supuestamente en “tiempo presente” relacionados a realidades tanto en el pasado (“presente histórico”) como en el futuro (“futurista presente”), y de tantos verbos supuestamente en “tiempo pasado” que se refieren a realidades tanto en el presente (“aoristo dramático”) como en el futuro (“aoristo proléptico”).[21] Cuando los verbos griegos se estudian de manera aspectual, toda la terminología complicada y los sistemas elaborados de excepciones pueden ser eliminados, y las traducciones de tiempo se pueden hacer según el contexto apropiado. La conclusión teológica es que los verbos que supuestamente están en tiempo presente y en tiempo pasado ya no se pueden utilizar como evidencia para la escatología realizada.

El Reino está cerca

La proclamación inicial de Juan el Bautista y de Jesús fue: “Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado” (Mateo 3:2; 4:17).[22] Siguiendo a Dodd, muchos creen que ésta es una declaración anunciando la inauguración espiritual (es decir, una reinterpretación) del reino mesiánico judío.[23] Sin embargo, el contexto de esta declaración es claramente apocalíptico. Envuelve “la ira venidera” (v. 7), los árboles malos siendo cortados y “echados al fuego” (v. 10), y la paja siendo quemada “con fuego que nunca se apagará” (v. 12). Todas estas referencias fueron sacadas de los Profetas, y nadie habría confundido la cita de Isaías 40 como algo que no fuera sino el día del Señor.[24]

Jesús y Juan el Bautista estaban simplemente reiterando el corazón del mensaje profético: “El día del Señor está cerca” (Isa. 13: 6; Joel 1:15; Sof 1:7; cf. Ez 30:3; Abdías 1:15; Malaquías 4:5). Todos comprendían que el día del Señor y el reino de Dios eran funcionalmente sinónimos, ya que el día iniciaría el reino. Por eso Jesús envió a sus discípulos a predicar el reino venidero (Lucas 10: 1-9), advirtiéndoles:

“Pero cuando entren en un pueblo donde no los reciban, salgan a las plazas y digan: “Aun el polvo de este pueblo, que se nos ha pegado a los pies, nos lo sacudimos en protesta contra ustedes. Pero tengan por seguro que ya está cerca el reino de Dios.” Les digo que en aquel día [“en el día del juicio”, Mat. 10:15] será más tolerable el castigo para Sodoma que para ese pueblo.” (vv. 10-12, NVI)

De la misma manera, Jesús concluye su discurso escatológico: “Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca. . . . Cuando ves que suceden estas cosas, ya sabes que el reino de Dios está cerca” (Lucas 21:28-31).

El mismo mensaje de la cercanía temporal del día del Señor y el reino de Dios es igualmente reiterado en todo el Nuevo Testamento. Pedro declara: “Pero el fin de todas las cosas se acerca. Sean pues ustedes prudentes y de espíritu sobrio para la oración” (1 Pedro 4:7). Santiago dice: “Sean también ustedes pacientes. Fortalezcan sus corazones, porque la venida del Señor está cerca” (San. 5:8). Pablo afirma: “… la salvación está más cerca de nosotros que cuando creímos. La noche está muy avanzada, y el día está cerca.” (Rom. 13:11-12). A la luz de la venida del Señor (Fil. 3:20), nuestra resurrección (3:21), y el “libro de la vida” (4:3), Pablo también exhorta: “El Señor está cerca; No se inquieten por nada” (4:5-6). Del mismo modo, el autor de Hebreos exhorta a los creyentes a reunirse y a animarse unos a otros—”mucho más al ver que el día se acerca” (Heb. 10:25). Y luego todo el libro de Apocalipsis es dado sobre la premisa de que “el tiempo está cerca” (1:3; 22:10), porque Cristo Jesús “viene con las nubes” (1:7; cf. 22:20).

Al tomar en cuenta la manera de hablar de los Profetas y la continuidad de ese lenguaje a lo largo del Nuevo Testamento, está claro que Jesús no estaba cambiando la escatología judía comúnmente entendida en su época cuando declaró la cercanía del reino. Simplemente estaba llamando al arrepentimiento y a una sincera respuesta de todo corazón ante la venida de ese reino.[25] Esta misma urgencia relacionada al arrepentimiento a la luz del día del Señor se refleja en todo el testimonio apostólico (ver Hechos 2:28; 3:19; 5:31; etc.).

Entonces, ¿qué se puede decir acerca de la tan controvertida “demora” del regreso de Jesús? Debido a que Jesús y los apóstoles declararon la inminencia del reino, ¿significa entonces que se equivocaron?[26] ¡De ninguna manera! ¿Estuvo Isaías equivocado cuando declaró la inminencia del día del Señor siete siglos antes de Jesús y los apóstoles? ¿O Sofonías un siglo después? ¿O Malaquías dos siglos después de eso? Por supuesto que no. Simplemente estaban funcionando en su papel profético y declarando el mensaje que habían recibido de Dios.

¿Por qué entonces los profetas, Jesús y los apóstoles declararon de manera uniforme la cercanía del día del Señor cuando su venida sería realmente en miles de años? Porque el tiempo es relativo para Dios, y por lo tanto los oráculos resultan ser ciertos en relación a su Autor. Esta es la explicación que Pedro dio concerniente a la demora del día del juicio (habiendo ya transcurrido unos treinta años en ese momento desde que Jesús ascendió). Pedro declara la pregunta central de los burladores: “¿Dónde está la promesa de su venida?” (2 Pedro 3:4).[27] Luego él responde, declarando que éstos pasan por alto el simple hecho de “que para el Señor un día es como mil años, y mil años como un día” (v. 8). En otras palabras, el tiempo es relativo para Dios, y también para sus oráculos. Por lo tanto, “El Señor no tarda en cumplir su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con ustedes. . . . Pero el día del Señor vendrá como un ladrón “(vv. 9-10).

Aunque los seres humanos pudieran considerar la demora de la venida de Dios como lentitud, Dios la considera inminente debido a que El trasciende el tiempo. De esta manera, los oráculos siguen siendo verdaderos independientemente del tiempo o del medio por el que fueron dados. Quienes hablan de parte de Dios siempre han tenido y siempre tendrán, un mensaje que los mueve: ¡Arrepiéntanse, porque el día del Señor está cerca!

El reino ha venido sobre ustedes

Si hay una declaración de Jesús que se ha convertido en el “fundamento hermenéutico” de la escatología realizada, es Mateo 12:28 (ver Lucas 11:20),[28] donde Jesús dice, “Pero si Yo expulso los demonios por el Espíritu de Dios, entonces el reino de Dios ha llegado a ustedes”.[29] Basados en una traducción rígida del verbo griego ephthasen (“ha llegado”), los inauguracionalistas afirman que esto es evidencia absoluta de la realización espiritual del reino.[30] Sin embargo, cuando nos fijamos en el pasaje como un todo e interpretamos el verbo de acuerdo al aspecto, en realidad nos encontramos con una contundente afirmación del reino mesiánico judío comúnmente entendido.

Esta declaración fue hecha en el contexto de Jesús haber sanando a un hombre oprimido por un demonio (Mat. 12:22). Todos estaban asombrados y se preguntaban: “¿Acaso no es este el Hijo de David?” (V. 23). Es evidente que entendieron que este exorcismo significaba que el reino mesiánico judío estaba a la vista. Los fariseos rechazaron esa posibilidad y acusaron a Jesús de expulsar al demonio por el poder de Satanás (v. 24). La respuesta de Jesús a esta acusación (vv. 25-37) fue triple: 1) era ilógico; 2) era inmoral; y 3) que era la base de su juicio eterno.

Dado que el espacio no nos permite comentar detalladamente acerca de la respuesta de Jesús, sólo podemos resumir el punto principal de lo que dijo—la gente será juzgada en el día del Señor conforme a sus palabras. En consecuencia, la presente acusación de los fariseos asegura su condenación eterna, como concluye Jesús: “Pero Yo les digo que de toda palabra vana que hablen los hombres, darán cuenta de ella en el día del juicio. Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado” (vv. 36-37). Si los exorcismos ocurrieron por el Espíritu de Dios, entonces Jesús es realmente el Mesías judío (es decir, el Hijo de David). Y si él es el Mesías judío, entonces la acusación descuidada de los fariseos asegura su juicio eterno.

Esto ciertamente se encuentra detrás del aspecto perfectivo (tradicionalmente aoristo/tiempo pasado) del verbo ephthasen. Jesús está simplemente comunicando la realidad completada y finalizada de su juicio a causa de sus palabras descuidadas.[31] Por eso una mejor traducción del versículo 28 sería así: “¡Si yo expulso los demonios por el Espíritu de Dios, entonces el reino de Dios indudablemente vendrá sobre ustedes!” Aunque algunos han reconocido anteriormente la posibilidad de un “aoristo proléptico”,[32] yo encuentro que el contexto del pasaje es más obviamente escatológico.[33] Como tal, las frases “el día del juicio” (v. 36), “el siglo venidero” (v. 32), “el reino de Dios” (v. 28), y “el Hijo de David” (v. 23 ), se refieren todas a la misma realidad judío-apocalíptica. Por lo tanto, el aspecto perfectivo de ephthasen simplemente comunica la certeza de esa realidad futura.

Este método basado en el sentido común coincide con el uso temeroso y negativo de la misma fraseología en todo el Antiguo Testamento.[34] Basado en las violaciones de la ley, “todas estas maldiciones vendrán sobre ti y te alcanzarán” (Deut. 28:15). Los profetas utilizaron regularmente el mismo lenguaje, como Jeremías declaró: “Porque has pecado contra el Señor y no obedecieron su voz, esto ha venido sobre ustedes” (Jer. 40:3). O como Sofonías exhortaba, “Congréguense, congréguense, Oh nación sin pudor, antes que entre en vigencia el decreto (como tamo pasa el día), antes que venga sobre ustedes el ardor de la ira del Señor, antes que venga sobre ustedes el día de la ira del Señor.” (2:1-2). O como Daniel oró: “Como está escrito en la ley de Moisés, toda esta calamidad ha venido sobre nosotros, pero no hemos buscado el favor del Señor nuestro Dios, apartándonos de nuestra iniquidad y prestando atención a Tu verdad” (Dan. 9:13).

La idea del juicio divino viniendo sobre los impíos se ve de manera similar en el Nuevo Testamento. Así que Jesús advierte: “Estén alerta, no sea que sus corazones se carguen con disipación, embriaguez y con las preocupaciones de la vida, y aquel día venga súbitamente sobre ustedes como un lazo; porque vendrá sobre todos los que habitan sobre la superficie de toda la tierra” (Lucas 21:34-35). Del mismo modo, los escribas y los fariseos del tiempo de Jesús serán “condenados al infierno” (Mateo 23:33), porque “todas estas cosas vendrán sobre esta generación” (v. 36). Por lo tanto, “la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia” (Ef. 5:6). Porque “destrucción repentina vendrá sobre ellos como los dolores de una mujer encinta, y no escaparán” (1 Tes. 5:3). Así que los ricos deben “¡llorar y aullar por las miserias que vienen sobre ustedes” (Sant. 5:1). Sin embargo, para el justo, “yo también te guardaré de la hora de la prueba que ha de venir sobre el mundo entero para probar a los que moran sobre la tierra” (Apoc. 3:10).

Ante todo eso, 1 Tesalonicenses 2:16—”Pero la ira de Dios ha venido sobre ellos hasta el extremo”—sobresale de manera particularmente importante, ya que gramaticalmente corresponde más directamente a Mateo 12:28 (es decir, ambos tienen un ephthasen aoristo con la preposición epi). Por otra parte, la situación de Jesús y la de Pablo son bastante similares. Ambos están siendo perseguidos por judíos incrédulos, y ambos declaran que las acciones actuales de esos judíos aseguran su condenación futura. Algunos afirman que el uso de Pablo del aoristo en un contexto tan claramente escatológico (ver 1 Tes. 1:10; 2:19; 3:13; 4:15-17; 5:1-9) hace que este verso sea “uno de los pasajes más problemáticos en toda la literatura paulina”.[35] Por supuesto, sólo es problemático si ephthasen se traduce en tiempo pasado en lugar de en el aspecto perfectivo. Una mejor traducción (bastante parecida a Mateo 12:28) sería así: “¡la ira de Dios con toda seguridad vendrá sobre ellos al final!”[36]

De esta manera, tanto Jesús como Pablo usan la forma perfectiva de ephthasen para afirmar enérgicamente el destino judío-apocalíptico de sus enemigos.[37] Lejos de ser evidencia de escatología realizada, más bien hablan en el perfectivo (como los profetas hebreos) para comunicar la completa seguridad de la realidad futura.[38] Además, el efecto acumulativo de la fraseología “vendrá sobre”, a lo largo del testimonio profético habría producido una agravada respuesta emocional negativa en el oyente. La sola mención del reino viniendo sobre alguien, a la luz del día del juicio, estaba dirigida a infundir un temor y temblor que llevara al arrepentimiento. Si el reino viene sobre ti (Mateo 12:28), significa que has sido excluído del perdón divino (v. 32), y en el día del juicio (v. 36) “serás condenado” (v. 37).

El reino está entre ustedes

Quizás ninguna otra declaración de Jesús ha sido más malentendida y pervertida a lo largo de la historia de la iglesia que Lucas 17:21, “He aquí, el reino de Dios está entre ustedes”. Presuntamente derivada de la tradición gnóstica,[39] Antonio[40] y Orígenes[41] propagaron una interpretación espiritualista de esta declaración que ha continuado hasta la fecha, con el apoyo de una serie de traducciones al español. Comentarios modernos ofrecen una multitud de opciones de interpretación,[42] pero el método basado en el sentido común está trágicamente ausente.[43]

En este pasaje (Lucas 17:20-37), Jesús estaba simplemente corrigiendo el fanatismo judío y su expectativa pervertida del reino de Dios.[44] Dentro del fariseísmo del primer siglo (sobre todo en la Casa de Shamai) había una simpatía tal por los movimientos insurgentes judíos que distorsionaba su perspectiva de la Ley y los Profetas. En lugar de tener una expectativa radicalmente apocalíptica del reino (cf. Isa. 13; 65; Dan. 7; Joel 3, etc.), se introdujo una mezcla de esperanzas que incorporó la fuerza de la carne en sinergia con la venida de Dios. Modelado conforme a la revuelta de los Macabeos,[45] se suponía que Dios ungiría a un descendiente de David, quien reuniría un ejército y vendría del desierto (y/o habitaciones interiores) y crecería progresivamente en poder, con el cielo aprobándolo y los ángeles asistiendo.[46] Tales movimientos insurgentes eran relativamente comunes en esa época (ver Hechos 5:36-37; 21:38).[47]

Cuando se le preguntó cuando vendría el reino de Dios (Lucas 17:20), Jesús respondió: “El reino de Dios no viene con señales visibles” (NBLH).[48] Ha habido mucho debate acerca de lo que se tratan estas “señales”, pero Jesús deja claro que está hablando de insurgencias judías al calificar que, “ni dirán: ‘¡Miren, aquí está!’ o: ‘¡Allí está!’” (v. 21, NBLH). El pasaje paralelo en Mateo lo elabora así: “Por tanto, si les dicen: ‘Miren, El está en el desierto,’ no vayan; o ‘Miren, El está en las habitaciones interiores,’ no les crean” (24:26). Tal esperanza insurgente, que se organizó en el desierto o en las habitaciones interiores, es contrarrestada en ambos recuentos de los evangelios con la declaración de Jesús: “Porque como el relámpago al fulgurar resplandece desde un extremo del cielo hasta el otro extremo del cielo, así será el Hijo del Hombre en Su día” (Lucas 17:24; Mateo 24:27). En pocas palabras, la visión farisaica del día del Señor se había contaminado. No era suficientemente apocalíptica.

Por tanto, debemos interpretar este pasaje, así como todo el Discurso de los Olivos (Mateo 24 y paralelos), como una polémica contra el movimiento de los zelotes.[49] La fuerza de la carne es corrupta sin medida, y como tal, no tendrá ningún rol en la redención de la tierra. Por el contrario, sólo degenera aún más una situación ya despreciable, añadiéndole más leña al fuego que vendrá. El reino de Dios no vendrá progresivamente por la fuerza de la carne, sino más bien de repente por el poder de Dios, “como el relámpago” (v. 24), “como en los días de Noé” (v. 26), y “como en los días de Lot” (v. 28). Además, ese día no requerirá de observación; será evidente para todos, así como la existencia de un cadáver es evidente cuando buitres circulan por encima de él (v. 37).

¿Qué entonces debería decirse de la declaración en el verso 21 que “el reino de Dios está [Gr. estin] entre ustedes”? Desgraciadamente, el debate en la actualidad se ha enfocado en el tiempo de los verbos en los versos 20-21. En lugar de ser el “tiempo presente”, el aspecto imperfectivo es utilizado para enfatizar las dramáticas acciones que se desarrollan. Para resolver la rareza producida por una traducción con tiempo estricto, algunos han sugerido un “tiempo presente futurista” para todos los verbos, ya que el énfasis de la pregunta original es acerca del futuro (por eso, “el reino de Dios estará entre ustedes”).[50] Sin embargo, la mayor parte de este debate parece ser generalmente tangencial, ya que ni Jesús ni los fariseos hubieran cuestionado que el reino era futuro. Más bien, el conflicto era acerca de como vendría ese futuro reino. Los fariseos pensaban que vendría progresivamente de los hombres de en medio del desierto o las habitaciones interiores, mientras que Jesús afirmaba que vendría repentinamente de Dios de los cielos.

En consecuencia, el conflicto en última instancia es acerca del origen del reino (Dios vs. el hombre), lo que a su vez determina el tiempo para el establecimiento del reino (repentinamente vs. progresivamente). Como tal, la traducción del verso 21 debería girar en torno al significado alternativo de estin: “tener un punto de derivación u origen, ser/venir de algún lugar”.[51] Ya que en otros pasajes estin es traducida “viene” (véase Mat. 21:25; Juan 1:46; 7:27–29; 1 Cor. 11:8) y es vista en su comúnmente entendido contexto futurista, deberíamos entonces traducir Lucas 17:21b de la siguiente manera:

“He aquí, el reino de Dios viene a estar entre ustedes.”[52]

De esta manera, la declaración de Jesús apunta naturalmente a los versos 22-37, porque el reino vendrá a estar entre ellos tal como ocurrió durante los días de Noé y Lot.[53] La fuerza de la carne no tuvo rol alguno en la ejecución del juicio divino en aquel entonces, y la fuerza de la carne (como se manifestó en los movimientos insurgente judíos) no tendrá lugar en el entronamiento del Hijo del Hombre en el día final. Lejos de ser un pronunciamiento de escatología realizada (y de algún tipo de reino interno y “espiritualista”), la declaración de Jesús es de hecho una reprensión radical contra toda escatología no-apocalíptica. El reino mesiánico judío vendrá repentinamente con poder divino y gloria.

El Reino de los cielos ha venido avanzando

La gran ironía de la escatología realizada es que se basa en textos que en realidad contradicen perfectamente su mensaje. La escatología realizada argumenta que los textos antes mencionados comunican (1) algo bueno que implica una bendición divina, (2) dirigida a los creyentes, (3) de forma individual, (4) en el presente. Sin embargo, el reino estando cerca, viniendo sobre ustedes, y estando entre ustedes es realmente (1) algo malo que implica juicio divino, (2), dirigido a los incrédulos, (3) colectivamente, (4) en el futuro.[54] La escatología realizada de hecho vuelca el mensaje de Jesús boca abajo y le quita su fuerza y convicción. En lugar de inducir temor y temblor que lleve al arrepentimiento y a la conversión, más bien engaña a sus oyentes para que crean una mentira.[55] Al final, los que no se ocupen de su salvación con temor y temblor no heredarán la vida eterna.

De igual forma, la escatología realizada ha invertido el sentido de Mateo 11:12—“Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo conquistan por la fuerza.” Aunque el tono de todo el pasaje es sumamente negativo (vv. 7-19), seguido por declaraciones de “Ay” (vv. 20-24), muchos interpretan este versículo como algo positivo. Se sostiene que Jesús está declarando la realización espiritual de la escatología judía, la cual se alcanza por medio de un estilo de vida espiritualmente agresivo (es decir, “violencia espiritual”).[56]

Aunque Dodd admitió que el significado de este pasaje era “muy difícil de determinar,”[57] él no obstante sostuvo (apoyándose en el cuestionable pasaje paralelo de Lucas 16:16) que este revela claramente que Jesús “proclamó que el Reino de Dios, la esperanza de muchas generaciones, había llegado finalmente.” En cuanto a una declaración tan radical, ¿no deberíamos adoptar un método más prudente?[58] Si el significado de un pasaje es “muy difícil de determinar,” ¿no deberíamos más bien inclinarnos hacia el lado más conservador y tradicional? La responsabilidad de evidenciar sus pretensiones revolucionarias recae más bien sobre aquellos que abogan en favor de la escatología realizada, y si en efecto, Jesús proclamó una reinterpretación tan radical de la ley y los profetas, entonces deberíamos esperar de El una exposición elaborada. Sin tal exposición, debemos asumir—por defecto—la perspectiva judía del reino.

Aunque este pasaje contiene muchas dificultades, no es demasiado difícil determinar su significado básico: Antes del día del Señor, el justo sufrirá y será perseguido (como era la expectativa apocalíptica común). En el contexto de la advertencia anterior acerca de la persecución venidera (Mat. 10:16-39) y el actual encarcelamiento de Juan el Bautista (11:2), Jesús afirma su propia identidad mesiánica (vv 2-6.). Luego se dirige a la multitud y exalta la grandeza de la identidad profética de Juan (vv. 7-11). Y al igual que todos los profetas antes que ellos, tanto Jesús como Juan sufrirán persecución a manos de hombres violentos (v. 12), porque Juan encarnó plenamente el llamado profético (vv. 13-15). Por otra parte, al igual que en las generaciones anteriores, la generación de Jesús y Juan es hostil debido a sus actitudes rebeldes, similar a “niños malcriados” en el mercado (vv. 16-19).[59] Por lo tanto, el significado básico del pasaje se refiere a la relación entre Jesús y Juan, y la persecución en su contra.

Cuando nos enfocamos en los versos 11-12, nos topamos con varios problemas. Hay dos variables de interpretación en el verso 11 (reino ahora vs. futuro, y la identidad del menor vs. el mayor), y hay dos variables en el verso 12 (la declaración de violencia positiva vs. negativa, y una respuesta positiva vs. negativa). De tal manera, hay cuatro opciones para interpretar cada verso (¡para un total abrumador de dieciséis posibilidades interpretativas!).[60] No es de extrañar que la interpretación de este pasaje comúnmente se torne en confusión y conflicto.

En relación al verso 11, parece claro que tenemos que identificar al “que es más pequeño en el reino de los cielos”, como siendo Jesús mismo.[61] Basado aparentemente en Daniel 4:17 (“El Altísimo gobierna sobre el reino de los hombres y lo da a quien él quiere y pone sobre él al más humilde de los hombres”), Jesús se identifica a sí mismo en otros pasajes como el menor o más pequeño en este mundo, enviado como el siervo de todos.[62] El mundo ve al siervo como el menor; Dios ve al siervo como el más grande. Por lo tanto, “cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos” (Mat. 18:4), y “el que es más pequeño entre todos ustedes, ése es grande” (Lucas 9:48). Del mismo modo, después de que la madre de los dos hijos de Zebedeo pidió que a sus hijos se les dieran los puestos más altos en el reino venidero (Mat. 20: 20-21), Jesús le explicó a sus discípulos,

“Pero Jesús, llamándolos junto a El, dijo: “Ustedes saben que los gobernantes de los Gentiles se enseñorean de ellos, y que los grandes ejercen autoridad sobre ellos. “No ha de ser así entre ustedes, sino que el que entre ustedes quiera llegar a ser grande, será su servidor, y el que entre ustedes quiera ser el primero, será su siervo; así como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir y para dar Su vida en rescate por muchos.”” (Mateo 20.25–28)

El paralelo de Lucas añade: “Que el mayor entre ustedes sea como el más joven [“el puesto más bajo,” NTV], y el que manda como el que sirve” (22:26), concluyendo así con la exaltación escatológica: “para que coman y beban a mi mesa en mi reino y se sienten en tronos para juzgar a las doce tribus de Israel” (v. 30). De esta manera, tenemos abundante evidencia para el uso de “menor” y “mayor” a la luz del juicio escatológico, lo que resultará en un cambio radical de las jerarquías de la tierra (cf. “muchos que son primeros serán los últimos y los últimos, primeros”; Mateo 19:30).[63]

Por lo tanto Mateo 11:11 simplemente dice que Juan el Bautista es de hecho el mayor entre los nacidos de mujer (es decir, el más grande de los profetas y la culminación del testimonio profético; cf. vv. 13-15)[64], sin embargo, Jesús es aún mayor que él, porque Jesús se humilló como un niño sumiso (es decir, se hizo inferior), incluso más que Juan (a diferencia de los hijos rebeldes de su generación; cf. vv 16-19).[65] La típica interpretación inauguracional de este verso no tiene sentido[66], ya que es imposible determinar el comienzo de un reino espiritualmente realizado, y Juan el Bautista sería excluido lógicamente del reino, o al menos denigrado (cf. “el más grande nacido entre las mujeres”).[67]

En cuanto al verso 12, hay cuatro opciones en lo que se refiere al reino de los cielos y las realidades de la “violencia” (gr. biazō), “hombres violentos” (gr. biastēs), y “toma contundente” (gr. harpazō). O las dos partes del verso son positivas (NVI), o ambas son negativas (RV, RVR, NBLH), o una es positiva y la otra es negativa (NTV), o viceversa.[68] Dado que la idea de la “violencia” es casi universalmente negativa en las Escrituras (Génesis 6:11; Sal. 58:2; 140:1-5; Eze. 22:26; etc.), interpreto el verso como doblemente negativo, donde la segunda parte del verso explica la primera: “el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo atacan.”[69] Podemos ver que se trata de una simple declaración acerca de la audaz proclamación profética de Juan y Jesús y la respuesta violenta de sus enemigos.[70]

Yo interpreto la parábola de los niños en el mercado (vv. 16-19) de manera similar. Quienes ven el verso 12 como una declaración positiva en general interpretan a los niños cantores como siendo Juan y Jesús, mientras que quienes ven el verso 12 negativamente, generalmente asocian a los niños con “esta generación” (v. 16).[71] Este último es claramente lo que Jesús quiso decir, porque son las acusaciones de esta generación las que son enfatizadas en los versículos 18-19. Por otra parte, las declaraciones acerca de “esta generación” son generalmente negativas en otros lugares (ver Mat. 12:39-45; 16:4; 17:17).

Visto así, la parábola está en consonancia con el pasaje anterior relacionado a la persecución de Juan y Jesús y establece el siguiente pasaje acerca de la condenación de las ciudades impenitentes (vv. 20-24).[72] Lejos de ser una proclamación de escatología realizada, el reino sufriendo violencia es simplemente una declaración acerca de la persecución contra Juan y Jesús, asumiendo la destrucción apocalíptica de sus enemigos “en el día del juicio” (vv. 22-24).[73] De esta manera, las declaraciones de Jesús concuerdan con la expectativa apocalíptica judía común de que los justos sufrirían antes del día del Señor.[74]

El reino es misterioso y parabólico

Si viéramos a la escatología realizada como una tienda de campaña, sus polos serían las declaraciones individuales de Jesús (discutido anteriormente), y su cubierta serían las parábolas de Jesús. Según Dodd y los que le han seguido, la revelación de la escatología realizada es el propósito principal de las parábolas. Por lo tanto, se cree que el elemento central del “misterio del reino de Dios” (Marcos 4:11, RV) es la escatología realizada.[75] Como Dodd resumió:

“Este es el “misterio del Reino de Dios”; no sólo que el escatón, aquello que corresponde propiamente al ámbito de lo “totalmente distinto”, es ahora una cuestión de experiencia actual, pero que se experimenta en la forma paradójica del sufrimiento y la muerte del representante de Dios.”[76]

Por lo tanto el reino mesiánico judío es convertido en una realidad espiritualista nebulosa que se expresa de alguna manera a través de la crucifixión del Mesías. Por otra parte, la implicación es que los judíos de los días de Jesús tenían una falsa esperanza en el comúnmente esperado reino mesiánico, y como tal, Jesús tuvo que decirles parábolas rudimentarias para ayudarles a ver la naturaleza espiritualista del reino. Sin embargo, al leer las parábolas con sentido común encuentro que esa idea es absurda y ofensiva.

El imponer la escatología realizada sobre las parábolas de Jesús confunde su propósito básico: esconder la verdad de quienes no se arrepienten. El propósito de las parábolas no es principalmente revelar algún tipo de verdad nueva, sino más bien ocultar la plena verdad de los impíos. Así, Jesús explica el contexto del misterio/secreto del reino: “A ustedes les ha sido dado el misterio del reino de Dios,” les decía, “pero los que están afuera reciben todo en parábolas; para que viendo, vean pero no perciban, y oyendo, oigan pero no entiendan, no sea que se conviertan y sean perdonados” (Marcos 4:11-12). Una vez más, aunque Jesús le habla a sus discípulos claramente (ver Mat. 5-7; 10:5-42.; 18:1-9; etc.), a los que no se arrepienten (quienes no se “vuelven y son perdonados”) les habla en parábolas—“Por eso les hablo en parábolas; porque viendo no ven, y oyendo no oyen ni entienden” (Mat. 13:13).

De esta manera, las parábolas no están diseñadas para impartir conocimiento nuevo a los creyentes acerca de Dios y la historia de la redención. Por el contrario, son declaradas polémicamente contra incrédulos como una condenación de su pecado, orgullo y dureza de corazón. Por supuesto que los creyentes pueden recibir instrucción y el estímulo de las parábolas, pero no podemos perder de vista su orientación general (algo que sucede muy a menudo, especialmente en relación con las parábolas en discusión). La mayoría de las parábolas hacen un simple contraste entre buenas y malas respuestas a Dios, y como tal, siempre hay que tener en cuenta que Jesús enseñó las parábolas principalmente como una acusación contra la mala respuesta.

Por ejemplo, la primera parábola importante que se encuentra en los Evangelios es la de los edificadores sabios versus los insensatos (Mat. 7:24-27). Esta parábola ciertamente incluye una exhortación a los creyentes para que edifiquen sus casas metafóricas sobre la roca. Pero la orientación general y el propósito de la parábola es dirigido hacia judíos incrédulos y sus líderes, quienes son resaltados repetidamente en los capítulos anteriores (cf. 5:20; 6:2, 5, 16; 7:5, 15). En consecuencia, “en ese día” (7:22)—es decir, el día del Señor—el juicio divino vendrá sobre el mundo como una tormenta. Los que han vivido en arrepentimiento perdurarán en ese día, mientras que los que han vivido para el siglo venidero fingidamente (cf. “Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre…”; v. 22) caerán y será “grande su ruina” (v. 27, NVI). Por tanto, la parábola de los edificadores primeramente se habla como una acusación contra edificadores insensatos y en segundo lugar como una exhortación para los edificadores sabios.

Del mismo modo, las parábolas principales de Mateo 13 (las parábolas debatibles más cortas se discutirán al final de esta sección) están dirigidas a “esta generación perversa” (12:45), especialmente a “los fariseos y maestros de la ley” (12:38), quienes “hicieron planes contra El, para ver cómo lo podrían destruir” (12:14). La parábola del sembrador y las semillas (13:3-9) está dirigida principalmente a los que oyen el mensaje del reino (es decir, la vida eterna) pero lo rechazan o no lo reciben con todo su corazón, escogiendo vivir más para “esta vida” (v. 22, NVI). La parábola del trigo y la cizaña (vv. 24-30) se habla de manera similar a “los hijos del maligno” (v. 38), quienes serán “reunidos y quemados con fuego en el fin del siglo” (v. 40). Del igual forma, la parábola de los peces buenos y malos (vv. 47-50) busca ser una advertencia a “los impíos” (v. 49, NVI), que están en peligro de ser echados al “horno de fuego” ( v. 50) en el fin del siglo. Una vez más, las parábolas le fueron dichas “a ellos” (v. 13), ya que “miran, pero que en realidad no ven” (v. 13, NTV). Las parábolas se refieren a la respuesta de la gente al mensaje del día del Señor, no a una realización del día del Señor.

Las parábolas del siervo que no perdonó (Mat. 18:23-35), los obreros de la viña (Mat. 20:1-16), los dos hijos (Mat. 21:28-32.), los labradores malvados (Mat. 21:33-41), y el banquete de bodas (Mat. 22:1-14) fueron todas habladas en público, con el fin de resaltar y delinear el comportamiento justo versus el impío a la luz del juicio final. Lejos de comunicar cualquier tipo de escatología realizada, el objetivo de estas parábolas es simplemente comunicar que “muchos que son primeros serán los últimos, y los últimos, primeros” (19:30; cf. 20:16). Es decir, muchos de los que se piensa comúnmente que son justos (heredando así un primer lugar de gloria en el siglo venidero) eran realmente malos (heredando así un último lugar de castigo con los paganos), mientras que muchos de los que se pensaba comúnmente que eran malos (es decir, los pecadores y publicanos; cf. 9:11; 11:19) heredarían de hecho la mayor gloria en el reino venidero (cf. “los recaudadores de impuestos y las rameras entran en el reino de Dios antes que ustedes”; 21:31).[77] Así que todas estas parábolas culminan con la denuncia de los escribas y fariseos en Mateo 23, que se resume en la declaración: “El que se exalta será humillado, y el que se humilla será exaltado” (v. 12).[78]

Esas parábolas que implican o enfatizan una sola cosa, persona o grupo (usualmente algo justo) no están menos diseñadas “para los que están fuera.” La parábola de la viuda persistente (Lucas 18:1-8) está dirigida a los fariseos que simpatizaban con los zelotes (cf. 17:20-37), y como tal, que habían dejado de orar y perdido la esperanza en el día del Señor (18:1). La parábola del mayordomo infiel (Lucas 16:1-13) está diseñada para burlarse de los fariseos, “que eran amantes del dinero” (v. 14), ya que “los hijos de este siglo son más sagaces en relación a sus semejantes que los hijos de la luz” (v. 8). ¡A la vista del juicio venidero, los incrédulos a menudo usan su riqueza para amar a la gente más que los que supuestamente viven para la vida eterna! Del mismo modo, las parábolas de la oveja perdida (Lucas 15:3-7) y la moneda perdida (vv. 8-10) están dirigidas a la falta de gozo por parte de los fariseos y maestros de la ley, quienes “murmuraban” (v. 2) acerca de la bienvenida que Jesús le daba a los publicanos y pecadores. La parábola del hijo perdido (vv. 11-32) delinea a múltiples actores, pero comunica la misma cosa. Estas parábolas sobre la bondad y la misericordia de Dios fueron pronunciadas principalmente para exponer la arrogancia juiciosa de los líderes judíos.[79]

Las parábolas más controvertidas de Mateo 13 también deben ser entendidas de esta manera. Similar a las parábolas de la oveja perdida y la moneda perdida (Lucas 15:3-10), el objetivo de las parábolas del tesoro y la perla escondida (Mat. 13:44-46) era exponer el estilo de vida codicioso e imprudente creado por los líderes judíos de la época (ver Mateo 6:1-18; 23:5-28). Aunque externamente afirmaban vivir para el siglo venidero, internamente estaban “llenos de robo y de injusticia” (Mat. 23:25). Aunque las parábolas del tesoro y la perla escondida ejemplifican rectitud, éstas seguían tratándose de “los de afuera”,[80] y nunca, ni por un momento, habrían sido entendidas como la realización o revocación de las expectativas apocalípticas comunes relacionadas a la herencia de la vida eterna.

Del mismo modo, las parábolas de la semilla de mostaza y la levadura (Mat. 13:31-33) habría sido entendidas negativamente, dirigidas “a ellos” (v. 13), e interpretadas de forma apocalíptica, a la luz del “fin del siglo” (v. 40). Estas dos breves parábolas son simplemente técnicas negativas de enseñanza con un solo actor, similar a las parábolas del rico insensato (Lucas 12:16-21), la higuera estéril (Lucas 13:6-9), y calcular el costo (Lucas 14:28-33). La levadura se entendía comúnmente como algo malo, tanto en el Antiguo como el Nuevo Testamento (ver Exo. 12:15-20; 34:25; Lev. 2:11; Mat. 16:6, 11-12; 1 Cor. 5:6-8; Gál. 5:9); y la alusión a Daniel 4:12 acerca de la semilla de mostaza (Mat. 13:32) probablemente no habría sido escuchada por los oyentes de Jesús de manera positiva. Así, la levadura y la semilla de mostaza muy probablemente habrían sido asociadas con la “cizaña” mencionada anterior y posteriormente (vv. 25, 38), que estaba destinada a ser “quemada” (vv. 30, 40)—especialmente porque a las parábolas de la levadura y de la semilla de mostaza no se les da ninguna explicación (un factor que raramente se considera). De esta manera, éstas simplemente comunican que Dios, en su gran misericordia, permitirá que la maldad crezca a plenitud (una idea vista a lo largo de las Escrituras; ver Gen. 15:16; Dan. 8:23; Zac. 5:5; Mat. 23:32; 1 Tes. 2:16) hasta el juicio al final del siglo. Nuevamente, si las parábolas de la semilla de mostaza y la levadura son enmarcadas por una parábola acerca de Dios permitiendo que el mal continúe hasta la madurez, entonces, ¿no deberíamos asumir que las parábolas no explicadas en el medio, comunican el mismo mensaje?

Para justificar una interpretación de la semilla de mostaza y la levadura como parábolas positivas que explican la escatología realizada, tendríamos que 1) ir en contra de la perspectiva judía común; 2) ir en contra del tema apocalíptico común en la predicación de Jesús; 3) ir en contra del contexto general del capítulo; 4) ir en contra de los versos inmediatamente adyacentes; y 5) ir en contra de los pasajes y elementos a los que se hace referencia en las mismas parábolas.[81] Por supuesto, esto nunca parece detener a los defensores de la escatología realizada, que tratan de la misma manera las declaraciones tratadas anteriormente. La interpretación de las parábolas de Jesús de manera no-apocalíptica, exaltando la fuerza de la carne (y en última instancia justificando al cristianismo de Constantino), es completamente anatema para el mensaje y el ministerio de Jesús y los apóstoles.

Las declaraciones de Pablo

Los inauguracionalistas ven a Pablo como el sucesor principal de las enseñanzas de Jesús sobre la escatología realizada. Si Jesús era el Llanero Solitario del judaísmo del segundo templo, entonces seguramente Pablo fue su Toro. Sin embargo, un estudio sistemático de los escritos de Pablo revela un énfasis apocalíptico consistente.[82] En contraste, Dodd y sus seguidores sostienen que Pablo y los apóstoles “reflexionaron” después del derramamiento del Espíritu y progresivamente predicaron la realización de la escatología judía.[83] De esta manera, la iglesia, compuesta de judíos y gentiles, se convirtió en el nuevo y verdadero Israel, cumpliéndose así las bendiciones predichas por los profetas en el “aquí y ahora”.[84]

Algunos consideran que la relativa falta de referencia al “reino” en los escritos de Pablo y su énfasis en la “justicia” y el Espíritu son una señal de que “el gobierno escatológico de Dios ya estaba siendo manifestado en el presente.”[85] ¡Disparates! Si Pablo hubiera estado redefiniendo el reino y la escatología judía, entonces habría enfocado su lenguaje en los términos escatológicos judíos y habría abundado más en cuanto a ellos, con el fin de darles un nuevo significado. Más bien, él simplemente asumió la escatología judía común y se enfocó en el medio para heredar el reino (justificación delante de Dios por la fe en el sacrificio de Cristo) y en la confirmación de ese medio (el depósito del Espíritu).[86]

La falta de énfasis en el reino por parte de Pablo es compensada por su énfasis constante en el día del Señor (ver Hechos 17:31; Rom. 2:5; 1 Cor. 3:13; Fil. 1:10; 1 Tes. 5:2; 2 Tim. 4:8), en la resurrección (ver Rom. 6:5; 1 Cor. 15:42; 2 Cor. 5:4; Fil 3:11), y en el regreso de Jesús (ver 1 Cor. 15:23; Col. 3:4; 1 Tes. 3:13; 2 Tes. 2:1; 2 Tim. 4:1; Tito 2:13). Por otra parte, la mayoría de sus referencias al reino son claramente escatológicas (ver 1 Cor. 6:9-10; 15:24, 50; Gal. 5:21; Efe. 5:5; Col. 4:11; 1 Tes. 2:12; 2 Tes. 1:5; 2 Tim 4:1, 18). Sólo unas pocas referencias—a saber Romanos 14:17, 1 Corintios 4:20 y Colosenses 1:13—son debatibles, y las examinaremos a continuación.[87] En general, el mensaje de Pablo es simple y claro: Poner la fe en la cruz, a fin de ser considerado justo delante de Dios en el día final, heredando así el reino, la resurrección y la vida eterna.

El Reino es justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo

En cuanto a la supuesta creencia apostólica en la escatología realizada, Romanos 14:17 es citado comúnmente como el ejemplo más claro: “Porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo.” Delineando la historia de la interpretación moderna posterior a Schweitzer y Dodd, George Ladd concluye enfáticamente: “la Palabra de Dios dice que el Reino de Dios es una realidad presente espiritual. “Porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo” (Rom. 14:17). Justicia, paz y gozo son frutos del Espíritu que Dios da ahora sobre quienes entregan sus vidas a la norma del Espíritu. Éstos tienen que ver con las fuentes más profundas de la vida espiritual, y esto, dice el apóstol inspirado, es el Reino de Dios”.[88]

Muchos intérpretes modernos estarían de acuerdo con Ladd, pero ¿es ese realmente el punto de Pablo en Romanos 14? No lo creo. Nada en Romanos 14:17 comunica el tiempo del reino. El verbo (eimi) es una simple referencia al reino mesiánico judío, que se entiende como una realidad futura (como es demostrado por las numerosas referencias escatológicas que rodean el verso).[89] A menudo hacemos lo mismo hoy cuando hablamos de una realidad futura: “Tu herencia es un asunto serio”, o “El futuro es incierto” o “Su muerte es inminente.” Pablo está hablando de la misma manera en Romanos 14:17, usando el verbo “ser” para describir el futuro reino judío, en lugar de describir una realidad presente espiritualizada.[90]

Para entender Romanos 14, tenemos que ver que Pablo está haciendo una exposición en torno a la parte final de Romanos 13. A la luz de nuestra salvación estando ahora más cerca que cuando creímos (13:11), Pablo está argumentando que “el día está cerca” (v. 12) y la noche de este siglo ya casi se acaba. Entonces, ¿cómo debemos vivir, y que tiene importancia eterna? Pablo responde,

“Por tanto, desechemos las obras de las tinieblas y vistámonos con las armas de la luz. Andemos decentemente, como de día, no en orgías y borracheras, no en promiscuidad sexual y lujurias, no en pleitos y envidias. Antes bien, vístanse del Señor Cristo Jesús, y no piensen en proveer para las lujurias de la carne.” (vv. 12–14)

Romanos 14 es simplemente una exposición de la frase “como en el día.” En el siglo venidero no habrá embriaguez, inmoralidad, o contienda. Por lo tanto no debemos participar en esas cosas, porque no estamos destinados para esas cosas. Además, no fuimos diseñados para esas cosas en el principio. Estas son infructuosas y no contienen valor eterno.

Del mismo modo, las discusiones entre creyentes judíos y gentiles en cuanto a las leyes relacionadas a la comida (14:2-4, 14-16, 20-21) y la observancia del calendario (14:5-9) son infructuosas y no contienen valor alguno cuando todos “comparezcamos delante del tribunal de Dios “(v. 10). Aunque nos “juzguemos” (vv. 3, 4, 10, 13, 22) unos a otros en este siglo en cuanto a estas cosas, estas tendrán poco peso en el día final, cuando “cada uno de nosotros tendrá que dar cuenta de sí mismo a Dios” (v. 12).

En esencia, “el reino de Dios” (v. 17) y “el tribunal de Dios” (v. 10) son funcionalmente sinónimos. [91] Lo que comemos y bebemos en este siglo será de poca importancia en el día del Señor, y en el reino de Dios. El siglo venidero consistirá de justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo, y el tribunal de Dios no será una cuestión de comida y bebida. Por lo tanto, en este siglo “procuremos lo que contribuye a la paz y a la edificación mutua” (v. 19). De esta manera, los creyentes “fuertes” no serán arrastrados a las luchas sin sentido de los creyentes “débiles”, que a su vez no dividirán al Cuerpo de Cristo por sus juicios vanos.

Lejos de la redefinir la escatología judía común, Pablo simplemente está describiendo su realidad futura, reforzando así la sobriedad y la perspectiva eterna inherente en el apocalipticismo judío.[92] Así que, para resumir: “Andemos como en el día,” y no “juzguen sus opiniones”, que tienen poca relevancia eterna, ya que el siglo venidero “no se trata de comida y bebida, sino de justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo”. Esta perspectiva futurista encaja tanto con el pasaje como un todo, así como con las expectativas comunes del reino.[93] El interponer escatología realizada en Romanos 14 es ilógico y contraproducente para el argumento de Pablo de que la escatología (cf. “salvación”, “el día”, “tribunal”, “reino”) es el principal impulsor del discipulado cristiano.[94]

El Reino no consiste de palabras sino de poder

Al igual que en Romanos 14:17, Pablo también describe la venida del reino en 1 Corintios 4:20, “El reino de Dios no es cuestión de palabras sino de poder” (NVI).[95] Muchos intérpretes entienden que esta declaración es una clara declaración de escatología realizada. Sin embargo, al igual que con Romanos 14, el contexto ni siquiera se acerca a apoyar esa interpretación. Las referencias escatológicas abundan, tanto antes (ver 1:8, 29; 2:6; 3:13; 4:5) como después (ver 5:5; 6:2-3, 14; 7:29; etc.) de la declaración. Por otra parte, el uso de Pablo de la frase “Reino de Dios” en otras partes de la carta es claramente escatológico (6:9-10; 15:24, 50). Su uso “muy casual” de la frase también indica que era un término comúnmente entendido por Pablo y sus lectores.[96] Si la escatología realizada se había asociado comúnmente con la frase, ¿dónde está la evidencia (es decir, los discursos largos y las elaboraciones) de que su significado había sido radicalmente redefinido y comúnmente aceptado?

Más bien, Pablo tenía en mente el reino mesiánico judío, y la llegada de este reino no consiste de palabras sino de poder. Como una vez escuché a alguien predicar, “¡Jesús no va a limpiar la tierra de la maldad al golpearla con notas académicas!” Él vendrá, en cambio, con una vara (cf. Sal 2:9; Isa. 11:4; Apo. 19:15) y castigará a los impíos por sus palabras y obras malas. Este es el tipo de “poder” del que Pablo está hablando en referencia al reino (cf. 1 Cor. 3:13; 4:5; 5:13; 6:9-10). Del mismo modo, Pablo amenaza con ejecutar un juicio temporal al venir “con una vara” (4:21). Como tal, Pablo entiende que los juicios temporales dentro de la iglesia tienen el propósito de impartir sobriedad acerca del juicio eterno de Dios.

Este patrón se repite en los siguientes versos concernientes a la excomunión del hombre en inmoralidad, que debía realizarse con la esperanza “de que el espíritu sea salvo en el día del Señor” (5:5). Como Pablo justifica, “¿Acaso me toca a mí juzgar a los de afuera? ¿No son ustedes los que deben juzgar a los de adentro? Dios juzgará a los de afuera. Expulsen al malvado de entre ustedes (vv. 12-13, NVI)”.

Pablo reitera esa perspectiva nuevamente en relación con las demandas entre los creyentes (6:1-8). Debido a que los creyentes “juzgarán al mundo” (v. 2) en el siglo venidero, deberían ser capaces de juzgar dentro de la iglesia en los asuntos “de esta vida” (v. 3). Por otra parte, la Cena del Señor (11:17-34) también está diseñada para cultivar el arrepentimiento “hasta que El venga” (v 26). Cualquier persona que participa de la comunión sin arrepentimiento “come y bebe su propia condenación” (v. 29). Tales juicios temporales (por ejemplo, estando “débiles y enfermos”; v. 30) tienen el propósito de estremecernos, “para que no seamos condenados con el mundo” (v. 32).

Este patrón de juicio temporal que despierta a los impenitentes a la realidad del juicio eterno es lo que Pablo tiene en mente cuando dice que “el reino de Dios no consiste de palabras, sino de poder” (4:20). En consecuencia, Pablo continúa con la pregunta: “¿Qué prefieren? ¿Que vaya a verlos con un látigo, o con amor y espíritu apacible?” (v. 21). Aquí Pablo está implícitamente contrastando la gentileza de Dios en este siglo con su severidad en el día del Señor (v. 19). El “poder” de la “gente arrogante” simplemente se refiere a su juicio y administración dentro de la iglesia, lo que pudiera implicar de hecho una exhibición pública del juicio del Espíritu (cf. Ananías y Safira, Hechos 5:1-10).

La referencia de Pablo al reino escatológico que viene con poder (y al juicio divino implícito en la declaración) hace mucho más sentido que un reino realizado en el presente.[97] (Si ese fuera el caso, ¡parece que Pablo se refería a entregar al hombre inmoral a una realización actual del día del Señor en 5:5 y a los creyentes ejerciendo un juicio actual del mundo y de los ángeles en 6:2-3!) Por lo tanto, el entender como escatología realizada la referencia de Pablo al reino de Dios en 4:20 está completamente fuera de línea con las expectativas 1) comúnmente aceptadas del reino; 2) el resto de los usos de Pablo de “reino” en la carta; y 3) el contexto inmediato de los capítulos 4-6, que ponen de relieve el juicio temporal a la luz del juicio eterno.[98]

Hemos sido transferidos al Reino

El último de los versos más comúnmente citados como prueba de la creencia de Pablo en una escatología realizada es Colosenses 1:13, “Él nos ha librado de la potestad de las tinieblas y nos ha trasladado al reino de su amado Hijo”.[99] Desafortunadamente, tenemos aquí otro ejemplo de una dependencia simplista en una traducción basada en el tiempo del verbo griego para demostrar la escatología realizada. Los verbos “librado” y “trasladado” se han entendido principalmente como un tiempo aoristo en lugar del aspecto perfectivo.[100] ¡Algunos incluso van tan lejos como para afirmar que Pablo no tiene ninguna realidad futura en cuenta en absoluto![101]

Sin embargo, el contexto que rodea el pensamiento de Pablo es claramente escatológico, porque en el verso anterior los Colosenses han sido calificados “para participar de la herencia de los santos en la luz.” En el resto de las cartas de Pablo la herencia de los santos se entiende como escatológica (cf. 1 Cor. 6:9-10; 15:50; Gál. 3:18; 5:21; Efe. 1:11, 14, 18; 5:5; Col. 3:24).[102] Por otra parte, el uso que Pablo le da al término “luz” (v. 12) y “tinieblas” (v. 13) en otros pasajes, está de acuerdo con el entendimiento apocalíptico judío de este siglo versus el siglo venidero (cf. Rom. 13:12; 1 Cor. 4:5; Efe. 5:8; Fil. 2:15; 1 Tes. 5:5).[103] Así, Pablo entendería “el perdón de los pecados” (v. 14) a la luz del “Señor Cristo Jesús, que se dio a sí mismo por nuestros pecados para librarnos del presente siglo malo” (Gál. 1:3-4).

Debido a la marcada similitud del lenguaje, Hechos 26:15-18 es muy útil al discutir Colosenses 1:12-14. Pablo describe el momento cuando Jesús se le apareció y lo comisionó al decirle,

“Pero levántate y ponte en pie; porque te he aparecido con el fin de designarte como ministro y testigo, no sólo de las cosas que has visto, sino también de aquéllas en que Me apareceré a ti. ‘Te rescataré del pueblo Judío y de los Gentiles, a los cuales Yo te envío, para que les abras sus ojos a fin de que se conviertan de las tinieblas a la luz, y del dominio de Satanás a Dios, para que reciban, por la fe en Mí, el perdón de pecados y herencia entre los que han sido santificados.” (Hch. 26.16-18)

Ambos pasajes contienen los mismos elementos básicos. A la apertura de los ojos de los gentiles se le hace eco en la oración de Colosenses 1:9-12. El volverse de las tinieblas a la luz y del poder de Satanás a Dios es el punto principal de los versos 13-14.[104] Y el recibir el perdón de los pecados y “un lugar” (cf. “la herencia con todos los santificados”; Hechos 20:32) es el resultado de tal arrepentimiento. Nadie impondría escatología realizada sobre Hechos 26 (cf. “mi esperanza en la promesa hecha por Dios a nuestros padres”; v. 6), sin embargo, es tan presuntuosa y forzosamente interpuesta en Colosenses 1.

El punto de Pablo en Colosenses 1:12-14 es simplemente el de Hechos 26:16-18. Debido a que hemos sido calificados para participar de la herencia eterna por el sacrificio de Cristo, con toda certeza seremos librados (aspecto perfectivo) de este presente siglo malo y traídos al reino en la venida de Cristo.[105] Esta perspectiva escatológica concuerda con el resto de la carta (ver 1:5, 22, 27; 3:4, 6, 24) y el resto de los escritos de Pablo. La interposición de la escatología realizada en Colosenses 1:13 es perfectamente contraria al pensamiento de Pablo y su exhortación posterior:

“Pongan la mente en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque ustedes han muerto, y su vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, nuestra vida, sea manifestado, entonces ustedes también serán manifestados con El en gloria.” (3:2–4)

Quienes entregan su vida en este siglo no poniendo su confianza en la carne, heredarán el reino venidero. La escatología realizada le cierra el reino de Dios en la cara a la gente al decirles que tienen algo porque vivir en este siglo. Esta es una trampa mortal que sólo “llevará a la gente más y más a la impiedad” (2 Tim. 2:16) y finalmente destruirá su fe.

Conclusion

La gran mayoría de las referencias escatológicas judías en el Nuevo Testamento claramente siguen siendo eso. Los pocos versos discutidos anteriormente son citados comúnmente como prueba de que Jesús y los apóstoles reinterpretaron y transformaron la escatología judía de su época. Pero, como hemos visto, estos versos—leídos en el contexto de los pasajes que los rodean—son en realidad afirmaciones contundentes de una simple lectura de la Ley y los Profetas. Si la escatología realizada (es decir, el “ya” del inauguracionalismo) no existe en el Nuevo Testamento, ¿entonces qué nos queda? Precisamente—el apocalipticismo judío, al que se le debe añadir una teología cruciforme. Tal cosmovisión se encuentra detrás de la pregunta retórica de Jesús, “¿No era necesario que el Mesías [judío] padeciera estas cosas [cruciforme] y luego entrara en su gloria [apocalíptico]?” (Lucas 24:26).

¿Por qué hablar entonces con tanto ímpetu contra la escatología realizada? A menudo se afirma que los creyentes no actuarían y serían proactivos en el mundo sin la motivación de la escatología realizada. Sin embargo, pienso que esa lógica es tanto defectuosa como letal. Es defectuosa ya que la motivación es impulsada por convicción de la verdad y la falsedad, el amor y el odio, la recompensa y el castigo, etc. Tal convicción puede aplicarse por igual a las cosas de este siglo (escatología realizada) o a las cosas del siglo venidero (escatología judía). La motivación derivada de realidades eternas crea una santa ambición; la motivación derivada de realidades temporales crea una vana ambición.

Como tal, la escatología realizada es letal, principalmente por tres razones. En primer lugar, destruye el gozo de los creyentes en la esperanza bendita al fijar sus mentes y corazones en una herencia en este siglo, mientras que al mismo tiempo mitiga su urgencia relacionada a la inminencia del día del Señor. Esta perspectiva erosiona una perspectiva eterna y crea una mundanidad fundamental dentro de la iglesia. En segundo lugar, descalifica a los creyentes de la herencia eterna al tornar el estándar del discipulado en este siglo de la cruz a un reino realizado espiritualmente (es decir, la cruz ya no es la realización de la voluntad de Dios en este siglo, sino más bien un evento histórico que sólo facilitó el reino presente). Este enfoque conduce inevitablemente a que los creyentes abandonen sus cruces, por así decirlo, y rechacen una teología de sufrimiento. En tercer lugar, delude a los creyentes para que acepten creencias supersesionistas concernientes a la espiritualización de Israel y por tanto a desechar el llamado peculiar de los judíos en la historia de la redención. La iglesia se convierte en el “nuevo Israel”, y los judíos son muy a menudo despreciados. Una vez más, la escatología realizada daña irreparablemente el cronograma bíblico, particularmente en relación a 1) el día del Señor, 2) la cruz, y 3) la elección judía. Por eso, vez tras vez la escatología realizada contradice el carácter judío y cruciforme-apocalíptico de la Biblia.

Por esa razón, Pablo describe a la escatología realizada de su época como “palabrerías profanas” (1 Tim. 6:20; 2 Tim. 2:16). Son palabrerías, ya que por lo general siguen y siguen con poca o ninguna correspondencia con la realidad. Durante siglos judíos ortodoxos han señalado consistentemente que los cristianos gentiles están fundamentalmente desconectados de la realidad: El impío todavía gobierna la tierra, las naciones todavía rodean a Israel con odio violento, Jerusalén no ha sido glorificada, el templo mesiánico no ha sido edificado, el Mesías no está sentado en el trono de David, la luz del día de Dios no ha amanecido, los muertos no han sido levantados, la tierra no ha sido restaurada, etc. Tal perspectiva realizada tampoco corresponde al Antiguo Testamento. ¿Dónde encontramos tal espiritualización de estas cosas en la Ley y los Profetas? El sentido común (la capacidad básica de razonar y deducir dada por Dios) debería llevarnos a la simple conclusión de que la resurrección, el reino, y el día del Señor son una realidad futura anclado en la parusía de Cristo.

En adición, la escatología realizada es profana porque trata trivialmente aquello que Dios considera sagrado. Dios habló y se reveló a los profetas, y como tal, su auto-revelación está conectada a su visión para el futuro. De igual forma, Su continua auto-declaración como “el Dios de Israel” está inextricablemente ligada a “la esperanza de Israel” (Hechos 28:20). La restauración de Israel (Hechos 1:6), la redención de Jerusalén (Lucas 2:38), y el reino davídico que vendrá (Marcos 11:10)—no son cosas pequeñas que pueden ser re-imaginadas, minimizadas y marginadas. Más bien, Jesús enseñó a sus discípulos a orar con temor santo: “Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo” (Mat. 6:9-10). El reino mesiánico es el reino de Dios. Es la voluntad de Dios. Es santo. La escatología realizada es el producto de la arrogancia gentil (Rom. 11:17-25). Deshonra al Dios de Israel. Es profana.

Por eso, Pablo declaró que Himeneo y los que aceptaron la escatología realizada de su época habían “naufragado en su fe” (1 Tim. 1:19), y como tal debían ser “entregados a Satanás para que aprendieran a no blasfemar” (v. 20). La trivialización de la escatología judía a través de diversas técnicas de reinterpretación bajo el estandarte de la escatología realizada es equivalente a blasfemia. Por lo tanto, Pablo comparó la enseñanza de Himeneo y Fileto a “gangrena” (2 Tim. 2:17), que literalmente “trastorna” (gr. anatrepō) la fe de la gente (v. 18). Por eso Pablo declaró concerniente a tal enseñanza: “Todo aquel que invoca el nombre del Señor debe apartarse de la maldad” (v. 19, NVI).


Notas:

[1] Ver esp. Las parábolas del Reino, 2ª ed. (Ediciones Cristiandad, 2001); y La predicación apostólica y sus desarrollos (Madrid: Fax, 1974).

[2] Por ejemplo, Oscar Cullmann, Cristo y el tiempo, (Ediciones Cristiandad, 2008); W. G. Kümmel, Promesa y cumplimiento, trad. D. M. Barton (Londres: SCM Press, 1957); Herman Ridderbos, La venida del Reino, trad. H. de Jongste (Philadelphia: Presbiteriana y Reformada, 1962); GE Ladd, La presencia del futuro: La escatología de realismo bíblico (Grand Rapids: Eerdmans, 1974); Anthony A. Hoekema, La Biblia y el futuro (Grand Rapids: Eerdmans, 1979); Bruce Chilton, ed, El Reino de Dios en la enseñanza de Jesús. (Londres: SPCK, 1984); Craig A. Blaising y Darrell L. Bock, Dispensacionalismo Progresivo (Wheaton: Victor, 1993); NT Wright, El desafío de Jesús: Redescubriendo Quién Jesús era y es (Downers Grove, IL: InterVarsity, 1999); Arthur F. Glasser et al, Anunciando el Reino: La historia de la misión de Dios en la Biblia (Grand Rapids: Baker, 2003).; y GK Beale, Una teología bíblica del Nuevo Testamento: El Despliegue del Antiguo Testamento en el Nuevo (Grand Rapids: Baker, 2011).

Algunos pudieran protestar en contra de igualar la escatología realizada de Dodd (que era abiertamente platónica) con el inauguracionalismo que surgió posteriormente (que no es tan platónico). Sin embargo, el denominador común de ambos es 1) la “realización” material de la soberanía divina y 2) la presente “realización” de la escatología judía del Antiguo Testamento (noten de nuevo la duplicidad del lenguaje). La escatología inaugurada es simplemente escatología realizada pero mitigada. Si la escatología realizada fuera removida de la escatología inaugurada (y de alguna manera sus efectos fueran invertidos), sólo nos quedaría el apocalipticismo judío.

[3] “Concluimos que en el plano histórico no hay una “escatología de felicidad” en las palabras de Jesús. No dio la promesa de que el futuro traería consigo tal perfección de la sociedad humana como algunos pensadores judíos habían predicho bajo la forma de un reino restaurado de David. Él declaró que el Reino de Dios había venido. Cuando habló de ella en términos del futuro, sus palabras sugieren, no cualquier reajuste de las condiciones en esta tierra, sino las glorias de un mundo más allá de este” (Dodd, Las parábolas del Reino, 74).

Además,

Parece que mientras Jesús empleó el simbolismo tradicional del apocalipsis para indicar el carácter “trascendente” o el carácter absoluto del Reino de Dios, Él utilizó parábolas para implementar e ilustrar la idea de que el Reino de Dios había venido a los hombres en ese momento. La inconcebible había sucedido: la historia se había convertido en el vehículo de lo eterno; lo absoluto se había vestido de carne y sangre. Es cierto que era un “misterio” que debía ser entendido por aquellos que tienen ojos para ver y oídos para oír, por aquellos a quienes se les revela “no por la carne y la sangre, sino por mi Padre que está en los cielos.” (Ibíd., 197)

Más allá de los estereotipos comunes, vemos en las obras de Dodd (ver especialmente la conclusión de las Parábolas del Reino, pp 206-10) que su pensamiento sería entendido mejor como una recapitulación del agustinismo: un reino que se manifiesta ahora (cf. iglesia militante) en pos de un reino trascendente después de la muerte en el “gran más allá” (cf. iglesia triunfante). Dodd le asignó el lenguaje apocalíptico judío a este último, mientras que justificó el primero con las parábolas y versos específicos, como Marcos 1:15; Matt. 12:28; Lucas 17:21; etc.

[4] Por ejemplo, “Jesús declara que esto culminante, el Reino de Dios, ha entrado a la historia, y Él asume el rol “escatológico” de “Hijo del Hombre”. Lo absoluto, lo “trascendente”, ha entrado al tiempo y al espacio. Y como han llegado el Reino de Dios y el Hijo del Hombre, así también el juicio y la bendición han entrado a la experiencia humana. Las antiguas imágenes de la fiesta celestial, del día del juicio final, del Hijo del Hombre a la diestra del poder, no sólo son símbolos de realidades extrasensoriales más allá de la historia; sino que también tienen su realidad correspondiente dentro de la historia”(Las parábolas del Reino, 107).

[5] Ver esp. Parábolas del Reino, cap. 5; y Predicación apostólica, cap. 2.

[6] Cualquier cosa que contradijera su teoría era generalmente descartada como una interpolación de la iglesia primitiva, que volvió a sus raíces judías, ya que por un tiempo estuvo bajo “crisis”, pero luego recapacitó y se alineó con las enseñanzas revolucionarias de Jesús: “Con el transcurso del tiempo las mejores mentes de la Iglesia, bajo la dirección de maestros como Paul y el autor del Cuarto Evangelio, llegaron a una interpretación que le hizo justicia al significado más profundo de la enseñanza de Jesús. Pero mientras tanto, los que tomaron sus palabras literalmente edificaron una nueva escatología cristiana conforme a la tradición apocalíptica judía. Es lo que tenemos en el esquema del ‘Pequeño Apocalipsis’ de Marcos xiii, elaborado en Mateo, y que es llevado a su conclusión en el Apocalipsis de Juan” (Las parábolas del Reino, 133).

De esta manera Dodd creía que el último libro de la Biblia era la más grande Anti-Revelación de Cristo Jesús (¡!):

El Dios del Apocalipsis difícilmente puede ser reconocido como el Padre de nuestro Señor Cristo Jesús. Tampoco tiene el feroz Mesías, cuyos guerreros cabalgan en la sangre que llega hasta las bridas de los caballos, muchos rasgos que correspondan a Aquel de quien el kerigma primitivo proclamó que anduvo haciendo el bien y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él. Esta línea de desarrollo condujo a un callejón sin salida. En el segundo siglo su corriente de pensamiento cayó en las arenas áridas del milenarismo, que a la postre fue desautorizado por la Iglesia. . . . La posibilidad del fanatismo escatológico estuvo sin duda presente en la perspectiva de la Iglesia primitiva, pero fue refrenada por el carácter esencial del Evangelio como fue entendido en la experiencia. (Predicación apostólica, 41)

[7] Por ejemplo,

La esperanza de Israel había sido que el templo debía, en “el día del Señor” (cuando debía ser revelado el Reino de Dios), estar en pie sobre su elevada colina como el centro religioso del mundo entero. Jesús dice, por el contrario, que, ahora que el Reino de Dios ha llegado, el templo no tiene más lugar; que se hundirá, con su colina y todo, en el mar. La “fe” por la cual esto sucede es el reconocimiento de que el Reino de Dios está aquí. … Es la higuera que ha de ser echada al mar. La higuera, como sabemos, era un símbolo del pueblo de Dios. Sea que fuera el templo, o la comunidad judía, el significado es el mismo. Y aquí tenemos probablemente una clave para el episodio de la higuera maldita (Mc. Xi. 12-14, 20) que introduce la declaración de Marcos diciendo acerca de la montaña. La “higuera” es Israel, ahora condenada a la esterilidad perpetua. (Las parábolas del Reino, 63, n. 1)

Por supuesto, la suposición detrás de tal arrojamiento al mar es que la destrucción de Jerusalén en el año 70—y todas las calamidades judías posteriores—son los cumplimientos de la retribución divina derramada sobre “la comunidad judía”. ¿Cómo puede tal teología no conducir a la justificación de la persecución judía dentro de la cristiandad? (Cf. James Carroll, La espada de Constantino: La Iglesia y los Judíos, Una Historia [Nueva York: Houghton Mifflin, 2001].)

[8] Estos versos se repiten, en el sentido más literal, como un mantra—una declaración sagrada citada ad infinitum, aparentemente como una oración, que un día inspirará un movimiento que finalmente establecerá la anhelada utopía cristiana.

[9] Ver Johannes Weiss, La proclamación de Jesús del Reino de Dios, trad. RH Hiers y DL Holland (orig alemán 1892; Filadelfia:. Fortaleza, 1971), 67-74.

[10] Aunque llegando a una conclusión diferente, estoy de acuerdo con el enfoque de Alva J. McClain:

Al comenzar este estudio debe sostenerse como axiomático que cualquier idea del Reino de Dios que dependa en gran parte de cierta interpretación de un texto o pasaje particular de la Biblia, debe ser considerado con profunda sospecha. En esta categoría se encuentran los sistemas construidos en torno a pasajes como: “El reino de Dios está entre ustedes” (Lucas 17:21), o “Yo te daré las llaves del reino de los cielos” (Mat. 16:19) o la parábola de la levadura (Mat. 13:33), o los preceptos éticos del Sermón del Monte (Mat. 5-7), o el capítulo 20 del libro de Apocalipsis. La doctrina del Reino debe ser determinada por un estudio inductivo de todo el material bíblico al respecto, y no debería tener que sostenerse o caer por la inclusión o exclusión de pasajes aislados donde la interpretación pudiera estar en seria disputa. (La grandeza del Reino: Un estudio inductivo del Reino de Dios [Winona Lake, IN: BMH Books, 1959], 16)

[11] Como dijo el teólogo judío David Flusser, “Esta es, pues, la” escatología realizada “de Jesús. Él es el único judío de los tiempos antiguos que conocemos quien predicó no sólo que la gente estaba en el umbral del fin de los tiempos, sino que la nueva era de la salvación ya había comenzado “(David Flusser y R. Steven Notley, Jesús [Jerusalén : La Universidad Hebrea Magnes Press, 2001], 110). Por supuesto, Flusser justifica esta afirmación citando Lucas 11:20, 16:16 y 17:21.

[12] Aunque el mundo académico comúnmente elige la última opción, como se ejemplifica por Craig Blomberg: “Aunque la aceptación de “todo el consejo” de la enseñanza de Jesús en parábolas exige que uno reconozca tanto un aspecto presente como futuro del reino, fue realmente la enseñanza de Jesús acerca de la presencia actual del reino la más particular de entre ambos énfasis. Tradicionalmente, el pensamiento judío miraba hacia el futuro en torno a la venida del reino, pero nunca antes se había atrevido a creer que ya había llegado “(Interpretando las parábolas [Downers Grove, IL: InterVarsity, 1990], 302).

[13] “Ciertamente los dos pasajes principales, Matt. 12:28 y Lucas 17:21, se usan en respuesta a los opositores que rechazan su presencia” (Weiss, La proclamación de Jesús acerca del Reino, 74).

[14] Ver Parábolas del Reino, 43–48.

[15] Ibid., 33.

[16] Clayton Sullivan, repensar Reevaluando la escatología realizada (Macon, GA: Mercer University Press, 1988), 65; véase también la revisión histórica de Sullivan acerca del amplio recibimiento de las ideas de Dodd (Ibíd., 4-11).

[17] Ver las obras iniciales de Stanley E. Porter, El aspecto verbal en el griego del Nuevo Testamento, con referencia al tiempo y modo (Nueva York: Peter Lang, 1989); Buist M. Fanning, Aspecto verbal en el Griego del Nuevo Testamento (Oxford: Clarendon Press, 1990); y KL McKay, Una nueva sintaxis del verbo en el griego del Nuevo Testamento (Nueva York: Peter Lang, 1994); cf. También Stanley E. Porter, Modismos del griego del Nuevo Testamento, 2ª ed. (Sheffield, Inglaterra: Sheffield Academic, 1999).

Ver un resumen en el artículo de Robert E. Picirilli, “El significado de los tiempos en el griego del Nuevo Testamento: ¿Dónde nos encontramos?” JETS 48, no. 3 (Septiembre de 2005): 533-55. La declaración inicial de Picirilli es muy cierta: “El mundo de la erudición sobre el verbo griego está en efervescencia, y el resultado promete tener un efecto significativo para todos nosotros que interpretamos el Nuevo Testamento.”

[18] Ver el artículo de Porter, Modismos del griego del Nuevo Testamento, cap. 1. Porter usa la analogía de un desfile para demostrar el perfectivo (tradicionalmente, el tiempo aoristo), el imperfectivo (tradicionalmente, los tiempos presentes e imperfectos), y el estativo (tradicionalmente, los tiempos perfectos y pluscuamperfecto):

Si soy un corresponsal de televisión en un helicóptero volando sobre el desfile, veo el desfile en su inmediatez desde un punto de vista fuera de la acción como “perfectivo”; es decir, en su totalidad como un conjunto singular y completo. Si soy un espectador de pie con los demás a lo largo del lado de la carretera viendo el desfile transcurriendo delante de mí, puedo ver la acción inmerso dentro de ella como “imperfectivo”; es decir, como un evento en progreso. Y si soy el director del desfile en el centro de operaciones teniendo en cuenta todas las condiciones existentes en este desfile, incluyendo no sólo todas las operaciones que se están llevando a cabo, sino todos los eventos que permiten que el desfile pueda ocurrir, veo el proceso no en sus particulares o en su inmediatez, sino como “estativo”; es decir, como una compleja condición o estado de las cosas existentes. (Modismos del griego del Nuevo Testamento, 24)

[19] Picirilli, “Significado de los tiempos,” 535.

[20] Los estudiosos en todos los ámbitos, incluso aquellos que se aferran a una visión más tradicional de que el tiempo está codificado en las formas del tiempo (por ejemplo, Daniel Wallace), están al menos de acuerdo de que el aspecto es primordial y que el elemento de tiempo puede ser suprimido por el contexto: “Mientras que aquellos con esta persuasión están de acuerdo de que el aspecto verbal es el significado primario de los tiempos en el griego, ellos sostienen que hay un significado secundario en el indicativo (y relativamente en los participios) del tiempo involucrado “(Ibid., 537).

[21] Ver ejemplos de Porter en, Modismos del griego del Nuevo Testamento, 29-39. El “tiempo futuro” se deriva gramaticalmente del subjuntivo, y como tal comunica posibilidad y expectativa. Por lo tanto, se utiliza a menudo con las realidades futuras, aunque no de forma exclusiva (ver Ibid., 44-45). “En lugar de valores temporales, la forma futura gramaticaliza la función semántica (significado) de las expectativas” (Ibid, 44; Cursivas en el original).

[22] La escatología realizada impone una delineación entre los mensajes de Juan y de Jesús. Aunque utilizan terminología idéntica, a menudo se afirma que Juan proclamó la inminencia del reino mesiánico, mientras que Jesús proclamó su realización espiritual (por ejemplo, Ladd, La presencia del futuro, 110-11). Ante la multitud de referencias apocalípticas posteriores, yo sostengo que esta delineación es injustificada. Más bien, “Mateo deseaba dar a entender que las palabras de Juan en 3:2 y las de Jesús en 4:17 eran idénticas: los dos heraldos predican el mismo reino” (WD Davies y Dale C. Allison Jr., Un comentario crítico y exegético del Evangelio según San Mateo, de la CPI [Londres: T & T Clark, 2004], 387-88).

[23] Dodd argumentó que ēngiken en Mat. 4:17 era sinónimo de ephthasen en Mat. 12:28, concluyendo así, “Ambos implican la ‘llegada’ del Reino. Con un ojo en el presunto original arameo, debemos traducir ambos: ‘El Reino de Dios ha llegado’”(Las parábolas del Reino, 44). Esta extraña conflación ha sido universalmente descartada desde entonces.

[24] La ira de Dios está relacionada al día del Señor (cf. Sal 110:5; Isa. 13:9-13; Sof. 1:15-18.), al igual que el fuego de Dios (Salmo 21:9; Isa 30:30; 66:15; Sofonías 1:18) y la quema de los impíos como “paja” (Sal 1:4; Isaías 40:24; Dan 2:35; Sof 2:2; Malaquías 4:1).

[25] Contrario a la conclusión desagradable de NT Wright:

Jesús pasó todo su ministerio redefiniendo lo que era el reino. Se negó a abandonar el lenguaje simbólico del reino, y lo llenó de tal contenido nuevo que, como hemos visto, trastornó poderosamente las expectativas judías.

Este cambio de significado en el contexto original, junto con la mala interpretación académica del género apocalíptico en la actualidad, ha producido el verdadero problema, que realmente no puede ser resuelto por los estudios léxicos de la palabra griega engiken. La lexicografía es en última instancia, una rama de la historia, y da poco fruto si es separada de sus raíces. La redefinición presentada por Jesús acerca del reino de YHWH, como hemos estudiado hasta ahora, indica que desde su punto de vista el reino estaba verdaderamente presente, pero que no era como Israel había pensado que sería. El Dios de Israel se estaba haciendo rey en y a través de la obra de Jesús; este reino alcanzaría su punto culminante en la batalla que pelearía en Jerusalén; en una generación habría un evento que mostraría que Jesús estaba en lo correcto al afirmar todo esto. (Jesús y la Victoria de Dios [Londres: SPCK, 1996], 471-72)

Decir que la destrucción de Jerusalén en el año 70 fue la reivindicación de la escatología realizada se constituye en la cúspide de la arrogancia gentil (cf. Rom. 11:17-25).

[26] Esta, por supuesto, es la conclusión liberal de Schweitzer y otros.

[27] Los burladores aquí son a los que presuntamente se les habla en todo el capítulo 2. Son “falsos maestros” y “falsos profetas” que introducen “herejías destructoras” (2:1). Aunque afirman ser cristianos, se “apartan del santo mandamiento que les fue dado” (2:21). Puesto que el tono de ambas cartas de Pedro es tan apocalíptica, parecería que estos falsos creyentes son de tendencia gnóstica (nótese el uso de ginōskontes en 3:3), similar a aquellos descritos por Pablo en otros lugares (cf. 2 Tes. 2:2; 1 Tim 6:20; 2 Tim 2:16). Como tal, la escatología realizada siempre ha producido un espíritu burlón concerniente a lo apocalíptico.

[28] Sullivan, Repensando la escatología realizada, 67. Este pasaje fue la “pepita de oro” de CH Dodd, como dijera Krister Stendahl (Ibíd., 75). Sin embargo, Sullivan razona correctamente,

Un verso ambiguo no debe determinar el significado de versos sin ambigüedades. Mateo 12:28/Lucas 11:20 es una declaración ambigua y enigmática—la réplica de Jesús a los críticos hostiles que lo acusaban de obrar en alianza con Belcebú. ¿Debería ser entonces Mateo 12:28/Lucas 11:20 el fundamento hermenéutico para interpretar el Reino? Esta pregunta se agudiza cuando se nota que hay más de un centenar de declaraciones sobre el Reino de Dios en los sinópticos. La mayoría de estas declaraciones (ver “Apéndice I”) presentan el Reino como un lugar, no como un poder exorcista. La mayoría de estas declaraciones presentan el Reino como una esperanza futura, no como una realidad presente…

Cuando se lleva a cabo esta tarea interpretativa más amplia, y se considera toda la evidencia, el peso hermenéutico tendría que dársele a las decenas de declaraciones sinópticas que presentan el Reino como un dominio futuro, en lugar de a Mateo 12:28/Lucas 11:20 (que—según Dodd—presentan el Reino como un poder curativo). Teólogos inauguracionalistas invierten este procedimiento. Le asignan el peso hermenéutico a pasajes como Mateo 12:28/Lucas 11:20 e ignoran las decenas de declaraciones que presentan el Reino como un dominio futuro. (Ibid., 81-82)

[29] Ladd afirma, “C. H. Dodd tiene razón en afirmar que lo más característico y distintivo de las declaraciones en los evangelios es que hablan de una venida presente del Reino. . . . A lo largo de los Evangelios sinópticos, la misión de Jesús se entiende repetidamente como el cumplimiento de las promesas del Antiguo Testamento. Las declaraciones acerca del Reino de Dios como una realidad presente deben interpretarse sobre ese trasfondo. La declaración más fuerte es Mateo 12:28: “Pero si yo por el Espíritu de Dios expulso a los demonios, ciertamente el reino de Dios ha llegado a ustedes” (Una teología del Nuevo Testamento, 2ª ed, ed.. Donald A. Hagner [Grand Rapids: Eerdmans, 1993], 63).

[30] Por lo general, la discusión se da así: “Jesús mismo afirma que el exorcizaba por el poder del Espíritu Santo, que descendió sobre él en su bautismo, inaugurando el reinado de Dios, y quien empodera permanentemente a todos los discípulos para el ministerio en la era mesiánica. El versículo 28 es posiblemente la enseñanza más importante de Jesús acerca de la escatología realizada—el aspecto actual del reino” (Craig Blomberg, Mateo, NAC [Nashville: Broadman y Holman, 1992], 202).

Por supuesto, esto plantea la pregunta, ¿Qué acerca de los exorcismos judíos mencionados anteriormente en el versículo 27? El exorcismo fue un fenómeno comúnmente aceptado entre judíos y gentiles de la época. ¿Acaso esos exorcismos también trajeron la realización del reino? Y si es así, ¿cuándo fue el reino verdaderamente inaugurado? Por eso Sullivan explica, “Si el exorcismo de un demonio significaba que el Reino había venido, ¿podría acaso argumentarse que el Reino también llegó cuando Tobías expulsó a un demonio con humo del corazón y el hígado de un pez [Tobías 8:1ss.]? En otras palabras, si los exorcismos de Jesús significaban que el Reino había llegado, ¿por qué los exorcismos por los exorcistas judíos no ‘significaron’ también que el Reino había llegado?” (Repensando la escatología realizada, 80).

[31] Desafortunadamente, Weiss malentendió esta declaración (así como Mat. 1:15 y Lucas 17:21.) al asumir que fue una apasionada declaración de la inminente llegada del reino: “Estos son momentos de entusiasmo profético sublime, cuando un sentir de victoria venía sobre él” (La Proclamación de Jesús acerca del Reino, 78). Por eso presenta la siguiente analogía:

Ya sea que favorezca una expresión o la otra depende de cuál sea su estado de ánimo al momento. Cuando aparecen las nubes de tempestad y los relámpagos se ven en el horizonte, pudiera uno decir: “Una tormenta se acerca.” Pero también se pudiera decir prolépticamente: “Hay tormenta.” O, de nuevo, cuando el sol brilla cálido y resplandeciente por primera vez, y comienzan a brotar los primeros capullos, uno suele decir: “La primavera está cerca.” Pero, ¿quién habría de contener su sentimiento de anhelo cuando ante estas primeras señales, le da una alegre bienvenida a toda la primavera, como si ya estuviera allí con todo su esplendor? (Ibíd., 41)

[32] Ver Daniel B. Wallace, Greek Grammar Beyond the Basics: An Exegetical Syntax of the New Testament (Grand Rapids: Zondervan, 1996), 564.

[33] Note también la identificación de aoristos futuristas en el Nuevo Testamento y más allá por Chrys C. Caragounis, “Kingdom of God, Son of Man, and Jesus’ Self-Understanding, Part I,” TynBul 40, no. 1 (1989): 20–23.

[34] Por ejemplo, Deut. 28:15,45; 30:1; 31:17,21; Jos. 22:20; Jue. 20:41; 1 Sam. 16:16; 2 Sam. 19:7; 24:13; 2 Cron. 20:9; 32:26; Neh. 9:32; Job 2:11; 3:25; 5:14; 20:22; 21:17; 27:9; Sal. 69:24; 119:143; Prov. 1:26; 3:25; 6:15; 10:14; Ecl. 11:2; Isa. 26:9; 47:9,11; 51:19; Jer. 6:26; 22:23; 44:23; 51:60; Lam. 1:14; Eze. 7:2,7; 30:4; Dan. 9:13; Ose. 13:7; Amós 4:2; 5:9; 9:10; Jonás 1:7f.,12; Miq. 2:6; 3:11; Sof. 1:6; 2:2; 3:7.

[35] Gordon D. Fee, The First and Second Epistles to the Thessalonians, NICNT (Grand Rapids: Eerdmans, 2009), 101.

[36] Por lo tanto, estoy de acuerdo con la antigua conclusión de James E. Marco:

En vista del soporte escatológico de ἡ ὀργη, la referencia en ἔφθασε (= ἦλθε), no obstante ἡ ὀργή ἡ ἐρχομέν (01:10), no puede ser acerca de una serie de castigos en el pasado. . . ni de un evento específico en el pasado, sea la pérdida de la independencia judía, o la hambruna (Hechos 11:28), o el destierro de Roma (Hechos 18:2; ver Schmidt, 86-90); ni tampoco acerca de la destrucción de Jerusalén, aun si Pablo compartía la opinión de que el día del juicio sería simultáneo a la destrucción de Jerusalén; más bien debe ser simplemente una referencia al día del juicio, que está cerca. ἔφθασε es en consecuencia proléptico. En vez de hablar de ese día como viniendo sobre los hijos de desobediencia (Efe. 5:6), habla de el ya habiendo llegado. Tal uso proléptico del aoristo es natural en un pasaje profético y tiene su analogía en la Septuaginta. (Un comentario crítico y exegético sobre las Epístolas de St. Paul a los Tesalonicenses, CPI [Nueva York: Hijos de Scribner, 1912], 113-14)

[37] Contrario a la común y complicada conclusión inauguracionalista. Por ejemplo, “Si esta ira es en el futuro, ¿por qué entonces Pablo habla de ella como sucediendo en el pasado (ephthasen, ‘ha venido)? La mejor explicación del tiempo aoristo del verbo surge al comparar las únicas otras combinaciones de phthanō epi en el NT (viene sobre’; ver Mt 12:28; Lc 11:20), donde Jesús usa terminología comparable para hablar de la llegada del reino. La fuerza particular de este verbo connota ‘una llegada al umbral de la realización y la experiencia accesible, no la entrada a esa experiencia'”(KW Clark, “Escatología realizada”, JBL 59 [1940]: 379).

Así como el reino alcanzó al pueblo del pacto en la primera venida de Cristo sin que disfrutaran de “la experiencia que vino como resultado del contacto inicial” (Ibíd.), de esa manera la ira que precederá ese reino ha llegado antes de que los judíos la experimenten plenamente” (Robert L. Thomas, “1 Tesalonicenses,” en The Expositor’s Bible Commentary: Ephesians–Philemon, rev. ed., ed. Tremper Longman III y David E. Garland, vol. 12 [Grand Rapids: Zondervan, 2006], 397).

[38] Desde hace tiempo se ha entendido que los verbos hebreos están en la aspectual principal. Así, el “perfecto profético” es comúnmente utilizado por los profetas (ver Num. 24:17; Isa. 5:14; 9:2; 42:1; Ose. 10:15; Amós 5:2) para comunicar la certeza del cumplimiento del oráculo siendo declarado. “El perfecto se utiliza para expresar acciones que una imaginación activa concibe como completado, pero las cuales son usualmente futuras en inglés. . . . Sucede a menudo, sobre todo en el estilo superior, que en medio de descripciones del futuro la imaginación concibe de repente el acto como ya cumplido, e interpone un tiempo gramático perfecto en medio de varios imperfectos. Job 5:20, 23 te ha redimido (4:10); Ose. 5:5 Judá ha caído. Este uso recibe una extensión entre los profetas, cuya imaginación proyecta ante ellos el evento o escena que predicen de manera tan vívida que pareciera ya haberse realizado”(AB Davidson, Hebrew Grammar Hebrew Syntax, 3rd ed. [Edinburgh: T & T Clark, 1902], 61–62).

[39] Note en el Evangelio de Tomás 3:

Jesús dijo: “Si quienes te lideran te dicen, ‘Mira, el reino está en el cielo”, entonces las aves del cielo los precederán. Si les dicen: ‘Está en el mar’, entonces los peces los precederán. Más bien, el reino está dentro de ti, y está fuera de ti. Cuando llegan a conocerse a sí mismos, entonces serán conocidos, y se darán cuenta de que son ustedes quienes son los hijos del padre viviente. Pero si no se conocen a sí mismos, habitas en la pobreza y son ustedes quienes son esa pobreza”. (NHLE, 126)

Y en el Evangelio de Tomás 113: “Sus discípulos le dijeron: ‘¿Cuándo vendrá el reino?’ Jesús dijo, ‘No vendrá al esperar por él. No se tratará de decir “aquí está” o “ahí está”. Más bien, el reino del padre se extiende sobre la tierra, y los hombres no lo ven” (NHLE, 138).

Y en el Evangelio de María 8: “Cuando el bendito hubo dicho esto, los saludó a todos, diciendo: “Paz a ustedes. Reciban mi paz para ustedes. Cuidado que nadie los engañe, diciendo: “¡Helo aquí!” O “¡Helo allá!” Porque el Hijo del Hombre está dentro de ustedes. ¡Síganlo! Los que le buscan lo encontrarán. Vayan entonces y prediquen el evangelio del reino” (NHLE, 525).

[40] “Para que puedan obtener conocimiento, los griegos viven en el extranjero y cruzan el mar, pero nosotros no tenemos necesidad de dejar nuestro hogar por causa del reino de los cielos, ni de cruzar el mar por causa de la virtud. Porque el Señor en otro tiempo ha dicho, ‘El reino de los cielos está dentro de ustedes.’ Por lo cual la virtud sólo necesita de nuestras manos la disposición, ya que está en nosotros y es formado de nosotros” (Vida de Antonio 20; NPNF2 4: 201).

[41] “Por otra parte, que todos los hombres no dejan de tener comunión con Dios, se enseña en el Evangelio de este modo, por las palabras del Salvador: ‘El reino de Dios no vendrá con observación; ni dirán, ¡Helo aquí! o ¡Helo allá!, sino que el reino de Dios está dentro de ustedes.’ Pero aquí tenemos que ver si esto no tiene el mismo significado que la expresión en Génesis: ‘Y Él sopló en su rostro el aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente.’ Porque si esto es comprendido como aplicando en general a todos los hombres, entonces todos los hombres tienen una participación en Dios” (Acerca de los primeros principios 1.3.6; ANF, 4.254).

[42] Nadie es más minucioso en su análisi de este pasaje, y sus varias interpretaciones, que Darrell L. Bock, Luke 9:51–24:53, BECNT (Grand Rapids: Baker, 1996), 1408–19.

[43] Aunque vemos un interesante comentario por el erudito judío Kaufmann Kohler: “Jesús predicó el mismo Reino de Dios (En ‘Reino de los Cielos’ Mateo ha conservado la expresión rabínica ‘Malkut Shamayim’), y cuando dijo, ‘el reino de Dios viene no por la observación [es decir, el cómputo]. . . porque he aquí, el reino de Dios está entre [no dentro de] ustedes’ (Lucas 17:21, versión siríaca), el quiso decir, ‘No viene por medio de la rebelión o por la fuerza” (“Reino de Dios”, JE, 7:503; paréntesis en el original).

[44] Aunque caracteriza falsamente al “ideal nacionalista” y fracasa en cuanto a desarrollar su punto, Herman Ridderbos sí hace referencia al problema fundamental:

Jesús se refiere aquí a los movimientos mesiánicos y a los rumores que surgieron una y otra vez entre el pueblo judío. Estos se originaron en un ideal nacionalista del Mesías y, a menudo dificultaron el que sus seguidores supieran qué pensar con respecto a este ideal. Esto explica la pregunta de los fariseos acerca de “cuando”. Cuando Jesús les responde diciendo que la venida del reino de Dios y del Mesías “no va acompañada de observaciones”, el no está queriendo decir que no debemos “prestar atención” a las señales de los tiempos, sino que rechaza la idea—sostenida por los partidarios de las expectativas nacionalistas del Mesías—que la venida del reino mismo es algo que sólo puede ser detectado por los ojos bien entrenados del “observador”. Su aparición será tan abrumadora que nadie tendrá necesidad de cualquier indicación ni tendrá ninguna duda en absoluto. (Venida del Reino, 474)

[45] Como describió Josefo,

Él [Matatías] también derribó el altar idolátrico, y exclamó: “Si,” dijo, “alguien es celoso por las leyes de su país, y por la adoración a Dios, que me siga;” y cuando había dicho esto, se apresuró al desierto con sus hijos, y dejó toda su hacienda en la villa. Muchos otros hicieron lo mismo también, y huyeron con sus hijos y esposas al desierto y habitaron en cuevas. . .

Muchos de los que escaparon se unieron a Matatías, y lo nombraron su gobernante, quien les enseñó a luchar, incluso en el día de reposo. . . . Así Matatías reunió a un gran ejército, y derrocó sus altares de ídolos, y mató a los que violaron las leyes, incluso a todos lo que pudo poner bajo su poder; porque muchos de ellos fueron dispersados entre las naciones en derredor por miedo a él. (Antigüedades 12.270-78; véase 1 Macabeos 2:27-48)

[46] Hay, sin embargo, precedente acerca de Dios saliendo del desierto para iniciar el día del Señor (véase Isa. 35:1; 40:3; 63:1; Zac. 9:14). Además, el precedente histórico fue formado por Israel saliendo del desierto (véase “El de Sinaí,” Salmo 68:8), por el momento en que David reunió a sus valientes en el desierto (1 Sam 22:2; 23:13), y los profetas recibiendo la palabra del Señor en el desierto (1 Reyes 18:4; 19:9; Heb. 11:38).

[47] Josefo también describió a tales movimientos:

Estos eran hombres tan engañados y engañaban a la gente con el pretexto de tener inspiración divina, y procuraban innovaciones y cambios de gobierno, y éstos se impusieron con la multitud para actuar como locos, y se fueron en pos de ellos al desierto, como pretendiendo que Dios habría de mostrarles ahí las señales de la libertad; pero Félix pensó que este procedimiento sería el comienzo de una revuelta; así que envió algunos hombres de a caballo y de a pie, ambos grupos armados, que destruyeron a un gran número de ellos.

Pero hubo un falso profeta egipcio que hizo más daño a los judíos que el anterior; pues era un tramposo, y fingió ser un profeta también, y reunió a treinta mil hombres que fueron engañados por él; a éstos los llevó a todo alrededor, desde el desierto hasta el monte que se llama el Monte de los Olivos, y estaba listo para entrar en Jerusalén por la fuerza desde ese lugar. (Guerras 2.259-62; véase Guerras 6.351, 7.438; Antigüedades 20.97-99, 167-72, 188)

[48] Bock resume las cuatro interpretaciones comunes de “señales para ser observadas” (Gk. paratērēsis), pero sin referencia a señales de insurgencia (ver Lucas 9:51-24:53, 1412-14). Irónicamente, la mayoría de los intérpretes sostienen que Jesús se refería a “señales apocalípticas generales” (Ibíd., 1413), y como tal Jesús estaba supuestamente corrigiendo a los fariseos por su esperanza excesivamente apocalíptica (¡!). Esta idea pasa por alto el punto del pasaje y torna toda la interacción boca abajo.

[49] También haríamos bien al entender Juan 3:1-21 de la misma manera. Como “el maestro de Israel” (v. 9), Nicodemo debió haber entendido que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios (véase 1 Cor. 15:50). Por lo tanto uno debe “nacer de nuevo” (Juan 3:3) para heredar/ver el reino. El “nacer del agua y del Espíritu” (v. 5) es muy probablemente una referencia a Eze. 36, entendido apocalípticamente (véase caps. 37-48.); y así como el viento “sopla donde quiere” (Juan 3:8), así también los seres humanos no determinan el día de Dios (Mateo 24:36; Hechos 1:7; 1 Tim 6:15).

De esta manera, Juan y Jesús vinieron predicando un mensaje radicalmente apocalíptico. “Pero ustedes [fariseos que simpatizaban con el movimiento zelote] no reciben nuestro testimonio” (Juan 3:11). Su mensaje socavaba intrínsecamente la causa de los zelotes, con la que simpatizaban algunos (¿quizás la mayoría?) de los fariseos. Así, Jesús reprende a Nicodemo en cuanto a la básica esperanza apocalíptica de la Ley y los Profetas (es decir, “las cosas terrenales”, v. 12). Si Nicodemo era culpable de confiar en la carne en relación a los conceptos básicos del día del Señor, el reino, y la resurrección, entonces, ¿cómo habría de entender las “cosas celestiales” relacionadas a la misericordia divina y la expiación (véase Deut. 32:43; Sal. 79:9; Dan 9:24)? Por el contrario, el Hijo del Hombre “ha ascendido” (v. 13) para estar en el consejo del Señor (véase Jer. 23:18), y “como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo el que crea en él tenga vida eterna” (vv. 14-15). Por esa razón todo el pasaje es más sensatamente una polémica contra la confianza en la carne en relación a la esperanza de lo que vendría (resurrección) y los medios para alcanzar esa esperanza (expiación).

[50] Vea una defensa de este punto de vista en John Nolland, Luke 9:21–18:34, WBC (Dallas: Word, 1998), 849–54.

La perspectiva a ser considerada es la de Bultmann (History, 121–22) y otros, donde la referencia es a una llegada futura y repentina del reino de Dios. Esta perspectiva debe primero aceptar la posibilidad de darle a ἐντός el sentido “en medio de ustedes” y luego debe tratarlo idiomáticamente como presentando la idea del reino de Dios estando “justo ahí”, como habiendo llegado, mientras que todos los observadores alertas han fallado en notar cualquier cosa sobre la cual basar sus pronósticos. Esto asume que ἐστιν, “está”, debe ser visto futurísticamente, pero, ante la ausencia de la segunda negación, esta es una lectura natural después de la obvia fuerza futurista del verbo ἔρχεται (lit. “viene”) en tiempo presente. Esta perspectiva es en cierta forma vulnerable a la crítica común de que la noción clave de una llegada repentina y sin anunciar del reino de Dios tiene que verse como implícita, porque ciertamente no está explícitamente presente. Es entonces, la perspectiva que mejor interpreta el contenido del v. 21, y la que fácilmente provee espacio para los vv. 22-37 y también considera la evidente intención de Lucas de conectar los dos secciones. (853–54)

[51] BDAG, 285.

[52] También pienso que esta es una integración más natural de entos (ver BDAG, 340–41), utilizada en NT solo aquí y en Mat. 23:26 (“limpien el interior de la copa”). El punto de Jesús es acerca de la salvación viniendo a Israel, en lugar de salir de Israel.

[53] Correctamente, Nolland afirma: “Quizás es mejor ver la declaración [v.21] como insistiendo que cuando el reino de Dios haya de venir estará justo ahí, justo en medio nuestro, sin previa advertencia ni comienzo local. Esta interpretación encaja mejor con los vv. 22-37 a continuación” (Luke 9:21–18:34, 854).

También Ridderbos:

Por lo tanto, en esta conexión es improbable que en los versos 20 y 21 Jesús debía haber querido desviar la atención del futuro escatológico y dirigirla al presente ya “cumplido”. Esta conclusión también surge por el tiempo futuro en el verso 21 (“ni tampoco dirán”). Por eso en nuestra opinión las palabras, “Porque he aquí, el reino de Dios está entre ustedes”, ciertamente se refieren a la venida escatológica del reino. Como aparece de la palabra “porque”, estas explican porque ellos no dirán, “¡Helo aquí!, o ¡Helo allí!” Porque cuando el reino venga está en medio de ustedes, es decir, ya no será necesaria ninguna indicación, sino que llenará todo tu horizonte. (Coming of the Kingdom, 475)

[54] La cualidad de “colectivo” viene de una referencia al plural “ustedes” (Mat. 3:7; 12:28; Lucas 17:21). En lugar de ser una bendición individual de parte de Dios, es una condenación colectiva de un grupo que sería echado al “horno de fuego” (Mat. 13:42).

[55] En 2 Tesalonicenses pareciera que Pablo llama a la escatología realizada “un poder engañoso” (v. 11), enviado por Dios a los que “rehusaron amar la verdad” (v. 10). La relación entre el v. 2 (“ni por palabra, ni por carta como si fuera de nosotros, en el sentido de que el día del Señor ha llegado”) y el v. 15 (“estén firmes y retengan las doctrinas que les fueron enseñadas, ya de palabra, ya por carta nuestra”) es bastante clara. Por eso los vv. 10-12 están enmarcados entre declaraciones relacionadas a la perversión del testimonio apostólico, identificado en el v. 2 como la realización de la escatología apocalíptica, es decir, tō pseudei (“lo que es falso”, o “la mentira”, NVI). Por otra parte, el rechazo a amar “la verdad” (vs. 10, 12) hace eco de otras referencias paulinas al gnosticismo y a la escatología realizada (véase 1 Tim. 4:3; 6:21; 2 Tim. 2:15-18; 4:4).

[56] Como sostiene Ladd, Presence of the Future, 158–64. Así que la NVI traduce: “el reino de los cielos ha venido avanzando…y los que se esfuerzan logran aferrarse a él.” Tenga en cuenta también la NTV: “el reino del cielo ha venido avanzando con fuerza, y gente violenta lo está atacando.” La NIV ve a “los violentos” como aquellos que avanzan el reino espiritual, mientras que la NTV ve a “los violentos” como quienes persiguen el avance del reino espiritual. Sobre este último punto, consulte a D.A. Carson, “Matthew,” en The Expositor’s Bible Commentary: Matthew-Mark, vol. 9, rev. ed., ed. Tremper Longman III y David E. Garland (Grand Rapids: Zondervan, 2010), 309–10.

[57] Parables of the Kingdom, 48.

[58] Ibid., 49.

[59] David L. Turner, Matthew, BECNT (Grand Rapids: Baker, 2008), 296.

[60] Se ha escrito una monografía entera acerca de las cuatro opciones en el v. 12; ver Peter S. Cameron, Violence and the Kingdom: The Interpretation of Matthew 11:12 (Frankfurt: Peter Lang, 1984).

[61] Note que este punto de vista era la perspective patrística común; ver B. T. Viviano, “The Least in the Kingdom: Matthew 11:11, Its Parallel in Luke 7:28 (Q), and Daniel 4:14,” CBQ 62 (2000): 41–54.

[62] “De acuerdo con Franz Dibelius y los más antiguos padres de la iglesia, y en acuerdo gramatical con el texto mismo, traduzco Mat. 11.11: “El que es menor (es decir, Jesús como un discípulo de Juan) es mayor que él (es decir, Juan) en el reino de los cielos’” (Oscar Cullmann, The Christology of the New Testament, trans. S. C. Guthrie y C. A. M. Hall [Philadelphia: Westminster, 1963], 32).

[63] Aunque relacionado a un asunto diferente (el cumplimiento de la ley), Mat. 5:19-20 también afirma esta propuesta, ya que se basa en el marco apocalíptico de dos siglos o eras: “Cualquiera, pues, que anule uno solo de estos mandamientos, aun de los más pequeños, y así lo enseñe a otros, será llamado muy pequeño en el reino de los cielos; pero cualquiera que los guarde y los enseñe, éste será llamado grande en el reino de los cielos. “Porque les digo a ustedes que si su justicia no supera la de los escribas y Fariseos, no entrarán en el reino de los cielos.”

[64] “Nacido de las mujeres” es un modismo hebreo (cf. Job 14:1; 15:14; 25:4) y simplemente se refiere a los descendientes comunes de Adán. Sin embargo, Jesús se distingue de todos los otros descendientes de Adán como “Hijo de Adán” (v. 19), que es inferior ante los ojos de este mundo, sin embargo, mayor que todos (incluso Juan el Bautista) ante los ojos de Dios.

[65] “El trasfondo judío de la pregunta acerca del grande o el pequeño podría apoyar esta interpretación. Los textos distinguen entre este y el mundo futuro (Midr. Ruth 1.17 [128a]; b. B. Mes. 85b; Pesiq. R. 83 [198b] en Str-B 1.598)” (Ulrich Luz, Matthew, Hermeneia [Minneapolis: Fortress, 2001], 139, n. 33).

[66] Y bastante gnóstico, cf. Evangelio de Tomás 46: “Jesús dijo: ‘Entre los nacidos de mujer, desde Adán hasta Juan el Bautista, no hay nadie tan superior a Juan el Bautista que sus ojos no se deban inclinar (antes él). Sin embargo, he dicho, quienquiera de ustedes que sea como un niño estará familiarizado con el reino y se hará superior a Juan’” (NHLE, 131).

[67] Por ejemplo, “En efecto, tan gloriosa es la nueva realidad naciente a través del ministerio de Jesús, que el más grande de la era anterior a él es todavía inferior al menor en el nuevo orden del reino” (Donald A. Hagner, Matthew 1–13, WBC [Dallas: Word, 1993], 306). Dudo que muchos sean tan audaces como para decirle esto a Juan cara a cara en el día final.

[68] Hagner explica:

Quienes toman ambas cláusulas positivamente (por ejemplo, Zahn; Ladd, Presence) entonces encuentran aquí una declaración sobre la contundente venida del reino en el ministerio de Jesús y una descripción concertada acerca del arduo camino del discipulado. Los que toman ambas cláusulas negativamente (por ejemplo, Hill, Fenton, Green, Schweizer, Patte, Gundry, Gaechter, Maier, France, Mounce, Luz, Davies-Allison) entienden que el verso se refiere a la persecución y la dificultad que enfrentan los que representan al Reino. Las gente violenta que saquea el reino son considerados diversamente como los fariseos, zelotes, los malos espíritus, o incluso Herodes Antipas. Entre los que dividen las cláusulas, la mayoría favorece el interpretar a la primera negativamente (el reino sufre violencia) y la segunda positivamente (por ejemplo, Dahl, Schlatter, Schniewind). Algunos opinan que la primera debe entenderse positivamente (el reino viene con fuerza) y la segunda negativamente (por ejemplo, Carson, Pamment). (Matthew 1–13, 307)

[69] “Esta combinación de traducciones produciría una traducción del verso que sería algo así ‘Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo atacan’” (Craig Blomberg, Matthew, NAC [Nashville: Broadman & Holman, 1992], 187–88).

[70] Ver la traducción alterna de Lucas 16:16: “La ley y los profetas fueron hasta Juan; desde entonces, las buenas nuevas del reino de Dios han sido proclamadas, y a todos se les urge que entren en el” (hcsb). Así entonces hay correspondencia con el paralelo de Lucas, aunque la declaración es aplicada en un contexto diferente por razones diferentes.

[71] Vea un manejo hábil de esta parabola en W. D. Davies y Dale C. Allison Jr., A Critical and Exegetical Commentary on the Gospel According to Saint Matthew, ICC (London: T & T Clark, 2004), 259–65.

[72] “Por lo tanto, la declaración de Jesús aquí se remonta al cap. 10 y se refiere a la persecución que caracteriza a la era de misión. Juan el Bautista es un buen ejemplo, encarcelado y pronto a ser ejecutado a manos de Herodes Antipas. “Desde los días de Juan el Bautista hasta la actualidad” se refiere entonces tanto al arresto de Juan y la oposición que Jesús y sus discípulos ya habían experimentado” (Grant R. Osborne, Matthew, ZECNT [Grand Rapids: Zondervan, 2010], 422).

[73] Algunos reclaman tener prueba para la escatología realizada basándose en la idea del reino siendo el objeto de la violencia en el v. 12. Sin embargo, se habla de la realidad futura, como simplemente siendo directamente afectada por los acontecimientos actuales. Del mismo modo, Jesús dijo: “¡ay de ustedes, escribas y Fariseos, hipócritas que cierran el reino de los cielos delante de los hombres! Porque ni entran ustedes, ni dejan entrar a los que están entrando.” (Mateo 23:13). Jesús claramente tenía mente una realidad futura, como se evidencia por sus referencias siguientes a Gehenna (vv. 15, 33). Jesús habló de esta manera porque todas las acciones presentes serán enumeradas en el día del juicio (es decir, los libros serán abiertos). Por eso las acciones presentes afectan directamente los resultados de la gente en el día final, y de esta manera el futuro reino (compuesto de santos) sufre violencia por actos presentes de violencia contra los santos.

[74] “Para resumir, entonces: para Jesús y para Mateo, en cuanto a la literatura apocalíptica en general, la gran redención debía ser precedida por un conflicto entre las fuerzas del bien y las fuerzas del mal (cf. 1 Enoc 91:5- 6). Además, este conflicto ya se ha iniciado, desde los días de Juan el Bautista hasta ahora” (Davies y Allison, Matthew, 256).

[75] Así Ladd introduce su obra maestra: “La característica distintiva de la enseñanza de Jesús es que en algún sentido real, el Reino de Dios ha venido en su persona y misión (Mateo 12:28.). El misterio del Reino (Marcos 4:11) es el secreto de su inesperada erupción en la historia “(Presence of the Future, xi).

Además, “El centro mismo de su mensaje sobre el reino de Dios es que los poderes del futuro reino escatológico han entrado en la historia en antelación de su manifestación apocalíptica y están obrando ahora en el mundo de manera oculta dentro y entre los hombres. Este es el “misterio del reino.'” (G. E. Ladd, “Why Not Prophetic-Apocalyptic?” JBL 76, no. 3 [1957]: 199).

[76] Parables of the Kingdom, 79–80.

[77] A base de una traducción del verbo “entran antes” (Gk. proagō) basada en el tiempo, este verso es comúnmente citado como evidencia para la escatología realizada (cf. Ladd, Presence of the Future, 123, 174, 197–98; y Donald A. Hagner, Matthew 14–28, WBC [Dallas: Word, 1995], 614). Osborne resume, “προάγουσιν pudiera ser un presente durativo (‘están entrando,’ siendo así escatología inaugurada) o presente futurista (‘habrán de entrar,’ siendo así escatología final)” (Matthew, 781, n. 9).

Sin embargo, el uso de proagō no tiene la intención de comunicar el tiempo, sino más bien el aspecto imperfectivo, destacando el dramático despliegue de los publicanos y las prostitutas entrando a la vida eterna en el día final antes que los fariseos y los maestros de la ley. El contexto de esta declaración es claramente escatológico (cf. vv. 9, 15, 34, 40.); y en otros usos de Mateo, la entrada al reino es siempre futura (5:20; 7:21; 18:3; 19:23, 24). Por lo tanto, “La imaginería que vemos aquí pareciera que debe interpretarse como estando en el camino que lleva al reino en lugar de ya haber entrado al reino” (John Nolland, The Gospel of Matthew: A Commentary on the Greek Text, NIGTC [Grand Rapids: Eerdmans, 2005], 863).

[78] Aunque las parábolas del mensaje en el monte de los Olivos (Mat. 24:42—25:30) fueron pronunciadas en privado, estas son obviamente apocalípticas, y su propósito es infundir el temor de Dios en cuanto al juicio venidero. De esta manera, les fueron dichas a los discípulos como a posibles apóstatas (a la luz de la traición de Judas). Estaban en peligro muy real de convertirse en el siervo malo (23:48), la virgen insensata (25:3), y el siervo malo y perezoso (25:18). Por lo tanto, se les advirtió, “Por tanto, velen, porque no saben en qué día viene su Señor” (24:42). El intento de Dodd de marginar estas parábolas como una invención de la iglesia primitiva es absurdo (cf. Parables of the Kingdom, 154–74).

[79] Un diseño similar es visto en las parábolas de los dos deudores (Lucas 7:41–43), los invitados a una boda (Lucas 14:7–14), el siervo diligente (Lucas 17:7–10), y el fariseo y el publicano (Lucas 18:10–14). Todas fueron pronunciadas en contra de la actitud orgullosa y arrogante de los líderes judíos.

[80] Aunque Jesús le habla a sus discípulos en Mat. 13:37-52, las parábolas en estos versos siguen estando dirigidas a la ceguera de los incrédulos, ya que éstas son una explicación (v. 36) de las parábolas anteriores.

[81] Aunque Dodd reconoció esto, rechazó enérgicamente a la razón:

“Levadura” es, en general, un símbolo de malas influencias que traen infección. En este sentido Jesús la usó cuando habló de la levadura de los fariseos (Mc. Viii. 15 y paralelos). Por analogía, que debe ser usada aquí como un símbolo para una sana influencia, propagándose de manera similar por una especie de infección. En ese caso, nos veríamos obligados a suponer que cuando el Reino de Dios se compara con la levadura, la sugerencia es que el ministerio de Jesús es en sí tal influencia. . . . La imagen, creo, es fiel a la historia. El ministerio de Jesús fue así. No había en él ningún elemento de coerción externa, sino que en él el poder del Reino de Dios obró desde adentro, permeando poderosamente la masa muerta del judaísmo religioso de Su tiempo. (Parables of the Kingdom, 192–93)

[82] J. Christiaan Beker, Paul the Apostle: The Triumph of God in Life and Thought (Philadelphia: Fortress, 1980); y Beker, Paul’s Apocalyptic Gospel: The Coming Triumph of God (Philadelphia: Fortress, 1982).

[83] “La Iglesia primitiva, aunque disfrutó de la comunión del Espíritu Santo, y apeló a la obra manifiesta del Espíritu (concebido ingenuamente de alguna manera) como evidencia del amanecer de la nueva era, no reflexionó al respecto. Tampoco expresó ninguna doctrina clara de esa comunión en su predicación. Tal doctrina aparece por primera vez en las cartas de Pablo” (Dodd, Apostolic Preaching, 59).

[84] Dodd continúa,

Es significativo que según se fue reduciendo su interés en la pronta venida de Cristo, como se puede demostrar después del momento en que escribió 1 Corintios, la “escatología futurista” de su fase anterior es reemplazada por este “Cristo-misticismo”. La esperanza de gloria por venir quedó como un trasfondo mental, pero el primer plano es cada vez más ocupado por la contemplación de todas las riquezas de la gracia divina disfrutadas aquí y ahora por aquellos que están en Cristo Jesús. . . .

Esta fue la verdadera solución del problema que se le presentó a la Iglesia por la decepción de su expectativa ingenua de que el Señor aparecería inmediatamente; no el inquieto e impaciente esfuerzo en pos de señales de Su venida que convirtieron la fe en fantasía y el entusiasmo en fanatismo; sino una más plena realización de todas las profundidades y alturas de la vida sobrenatural aquí y ahora. (Ibid., 63)

[85] James D. G. Dunn, Romans 9–16, WBC (Dallas: Word, 1998), 822. Ver la tabla de Dunn acerca de la manera en que Jesús y Pablo usaron βασιλεία, δικαιοσύνη, y πνεῦμα (Ibid.).

[86] Al igual que Jesús y Juan el Bautista, la omisión de Pablo de cualquier extensa redefinición del reino apoya firmemente la idea de que Pablo asumió la escatología judía de su época. El intento de la Nueva Perspectiva de Pablo para redefinir el lenguaje sacrificial de Pablo, con el fin de comunicar escatología realizada, es fallido.

[87] Más allá de una amplia deducción teológica basada en el nuevo pacto y el don del Espíritu Santo, estos tres versos se citan casi exclusivamente como prueba de la escatología realizada paulina. Pocos son lo suficientemente audaces como para decir que Pablo interpuso escatología realizada en las otras frases escatológicas, como “resurrección”, “día del Señor”, “aparición”, “ira de Dios”, etc.

[88] The Gospel of the Kingdom: Scriptural Studies in the Kingdom of God (Grand Rapids: Eerdmans, 1959), 16–17.

[89] El verbo (eimi) también es aspectualmente impreciso, como Porter explica: “Un número muy pequeño de verbos en el griego (todos los verbos de la conjugación -μι) nunca desarrollaron un conjunto completo de formas de tiempo, y por lo tanto no participan en el sistema aspectual. . . . El resultado es que estos verbos no ofrecen ninguna elección significativa entre un aspecto y otro. Estos verbos, de los cuales εἰμί es el ejemplo principal, son catalogados como aspectualmente imprecisos. Verbos aspectualmente imprecisos pueden usarse en cualquier contexto verbal, ya que no llevan el peso semántico del aspecto verbal perfectivo, imperfectivo o de estativo. En consecuencia, debemos ser cuidadosos al dar importancia interpretativa al uso de uno de estos verbos.” (Idioms of the Greek New Testament, 24–25; itálicas en el original).

[90] Similar a la declaración de Jesús, “Y esta es la vida eterna [αὕτη δέ ἐστιν ἡ αἰώνιος ζωὴ], que te conozcan a ti el único Dios verdadero, y a Cristo Jesús, a quien has enviado” (Juan 17:3). Además, siguiendo la exhortación de Pablo en Romanos 15:4-13 acerca de que haya armonía entre judíos y gentiles, esta asume un reino mesiánico judío—”con el fin de confirmar las promesas hechas a los padres” (v. 8)—culminando en el verso 12 con la cita de Isaías 11:10.

[91] La conexión entre los versos 10 y 17 parece carecer universalmente; cf. Cranfield (ICC), Dunn (WBC), Wright (NIB), MOO (NICNT), Schreiner (BECNT), Fitzmyer (AB), Jewett (Hermeneia), Mounce (NAC), Harrison y Hagner (EBC), Bruce (TNTC), etc. La traducción de Ben Witherington βασιλεία τοῦ θεοῦ como “dominio de Dios” (lo que refleja su escatología realizada) parece particularmente inapropiada (Paul’s Letter to the Romans: A Socio-Rhetorical Commentary [Grand Rapids: Eerdmans, 2004], 340).

[92] Aquí William Sanday y Arthur C. Headlam son dignos de elogio por su moderación. “La frase se utiliza normalmente en San Pablo de ese reino mesiánico que ha de ser la recompensa y la meta de la vida cristiana. . . . El término es, por supuesto, derivado de las palabras de Cristo a partir de las concepciones judías de un reino terrenal real; hasta qué punto exactamente esas concepciones han sido espiritualizadas en San Pablo, puede ser difícil de decir” (A Critical and Exegetical Commentary on the Epistle of the Romans, 3rd ed., ICC [New York: Scribner’s, 1897], 391).

[93] Heinrich A. W. Meyer es una notable excepción al sentimiento común:

Y así [el reino de Dios] no está aquí, nada más que el reino del Mesías, el levantamiento del cual se inicia con la Parusía, que pertenece no a la οὗτος αἰὼν, sino a la αἰὼν μέλλων (1 Cor. 6: 9, 10, 15:24, 50; Gal. 5:21; Efe. 5:5; Col. 4:11; 1 Tes 2:12; 2 Tes. 1:5.); no por lo tanto a la iglesia (invisible), el regnum gratiae, o el reino terrenal ética de Dios (Reiche, de Wette, Philippi, Lipsius, siguiendo la corriente de expositores más antiguos), res Christiana (Baumgarten-Crusius), y similares. “El reino mesiánico no es comida ni bebida”; es decir, la característica esencial de este reino no consiste en el principio de que un hombre, con el fin de convertirse en un miembro del mismo, deba comer y beber esto o aquello o todo sin distinción, pero en el principio de que uno debe ser recto, etc. (Critical and Exegetical Handbook to the Epistle to the Romans, vol. 2, ed. William P. Dickson, trans. John C. Moore y Edwin Johnson [Edinburgh: T & T Clark, 1874], 316; itálicas en el original)

[94] Esto, por supuesto, era una presuposición apostólica común, como es evidenciado por Pedro: “Ya que todo será destruido de esa manera, ¿no deberían vivir ustedes como Dios manda, siguiendo una conducta intachable 12 y esperando ansiosamente la venida del día de Dios? Ese día los cielos serán destruidos por el fuego, y los elementos se derretirán con el calor de las llamas.” (2 Pedro 3:11-12, NVI; cf. 1 Pedro 1:13-16).

[95] También se hace referencia comúnmente a las similitudes verbales entre los dos versos (e.g., Dunn, Romans 9–16, 822).

[96] Aunque Gordon Fee llega extrañamente a la conclusión opuesta:

Lo que le concierne a Pablo es “el reino de Dios.” Esta es una de las raras ocasiones en los escritos de Pablo donde aparece este término que predomina en el ministerio y la enseñanza de Jesús. Pero la forma muy casual en la que aparece aquí indica que era una parte regular de su propia comprensión del Evangelio. En la mayoría de los casos en las cartas de Pablo, el término se refiere a la consumación del reino, en la venida de Cristo (cf., por ejemplo, 6:9-10; 15:50); pero este pasaje, junto con Rom. 14:17, hace evidente que para él el reino era “ahora”, así como “todavía no”. (The First Epistle to the Corinthians, NICNT [Grand Rapids: Eerdmans, 1987], 192)

[97] Robert L. Saucy nota correctamente, “El apóstol acababa de reprender a los corintios por su jactancia como si ya hubieran alcanzado el reino y reinaran como reyes (4:8). El no hablaría de un reino presente sólo unos pocos versos más adelante” (The Case for Progressive Dispensationalism [Grand Rapids: Zondervan, 1993], 107).

[98] Una vez más, Heinrich A.W. Meyer es notablemente razonable en su perspectiva de este pasaje: “El βασιλεία τοῦ Θεοῦ, de nuevo, no está aquí, ya que nunca está en otra parte (ver en Mat. 3:2, 6:10), y, en particular nunca en los escritos de Pablo (ni en este pasaje, ni en Rom. 14:7; Col. 1:13, 4:11; ver en estos versos), la iglesia, o el reino de Dios en el sentido ético (Neander: ‘la comunión de la vida divina, que se produce por la comunión con el Redentor’), pero el reino mesiánico, en el que, en su manifestación (rápida) esperada, sólo pueden ser miembros quienes son verdaderos creyentes y están verdaderamente santificados (Col. 3:3 s.; Fil. 4:18–21; Efe. 5:5, al.)” (Critical and Exegetical Handbook to the Epistles to the Corinthians, vol. 1, ed. William P. Dickson, trans. D. Douglas Bannerman [Edinburgh: T & T Clark, 1879], 135).

[99] Como F. F. Bruce declaró con tanta audacia, “En la afirmación de que los creyentes ya han sido trasladados al reino del amado Hijo de Dios, tenemos un ejemplo de la escatología verdaderamente realizada” (The Epistles to the Colossians, to Philemon, and to the Ephesians, NICNT [Grand Rapids: Eerdmans, 1984], 52).

[100] “Los tiempos aoristos apuntan a una escatología que verdaderamente se ha realizado (es decir, Dios ya ha calificado [ἱκανώσαντι] a los colosenses para participar de la herencia, ya los ha librado [ἐρρύσατο] de ese poder extraño y ya los ha transferido [μετέστησεν] al reino de su Hijo), mientras que en contraste, el tiempo presente del verso 14, “tenemos” (ἔχομεν), hace hincapié en los resultados continuos de la redención realizada en el pasado” (Peter T. O’Brien, Colossians, Philemon, WBC [Dallas: Word, 1998], 26).

[101] “Las formas aoristas ἐρρύσατο (librado) y μετέστησεν (transferido) apuntan al bautismo como el evento por el cual ha tenido lugar el cambio de un dominio a otro, en el que se nos ha arrancado del poder de las tinieblas y hemos sido posicionados en el ‘reino’ del amado Hijo de Dios. . . . No hay mención de una anticipación entusiasta de la consumación. Más bien, así como las tinieblas designan a aquellos que están perdidos, la luz caracteriza al gobierno de Cristo, que aquí y ahora forja la vida y la conducta de los que son bautizados” (Eduard Lohse, Colossians and Philemon, Hermeneia [Philadelphia: Fortress, 1971], 38).

Por supuesto, Lohse no cree que Pablo escribió Colosenses, porque “Dondequiera que Pablo menciona el ‘gobierno de Dios’ (βασιλεία τοῦ θεοῦ) en sus cartas, el sentido futurista del concepto se presupone, al igual que en toda la predicación cristiana primitiva” (Ibíd., 37-38). “Por lo tanto, Pablo no puede ser considerado como el autor directo o indirecto de Colosenses” (Ibid., 181). Si escatología realizada no está presente en la carta a los Colosenses, entonces las diferencias teológicas son insustanciales, y las diferencias de expresión pueden atribuirse simplemente al envejecimiento de Pablo y a “circunstancias específicas” (Ibid., 180).

[102] Así James Dunn argumenta en contra del sentido común:

La nota de la escatología realizada se hace aún más fuerte en las próximas dos cláusulas, por que lo que se describe aquí sería considerado en otros pasajes como reservado para el fin de la historia/el tiempo. . . . Más sorprendente aún es el hecho de que en otros pasajes de los escritos de Pablo la conversación acerca de participar plenamente en el reino de Dios es siempre en cuanto al futuro (1 Tes. 2:12; 2 Tes. 1:5; 2 Tim. 4:1, 18; la frase formularia “heredar el reino de Dios” en 1 Cor. 6:9-10; 15:50; Gál. 5:21; cf. Efe. 5:5). No hay nada similar a esta afirmación de que los creyentes en Cristo Jesús ya (aoristo) han sido trasladados al reino, como todo un pueblo transportado desde su territorio tradicional para instalarse en una nueva región. (The Epistles to the Colossians and to Philemon: A Commentary on the Greek Text, NIGTC [Grand Rapids: Eerdmans, 1996], 77)

[103] Presuntamente derivado de los profetas (Isa. 9:1-2, 42:6-7, 16, 58:8-10, 60:1-3; Amós 5:18-20; cf. 1 Enoc 92:4-5; 108:11-14; 2 Baruc 18:1-2). Algunos dan demasiada importancia a la influencia de Qumrán (cf. Lohse, Colossians and Philemon, 36–38) y/o el tema del éxodo (cf. N. T. Wright, Colossians and Philemon, TNTC [Downers Grove, IL: InterVarsity, 1986], 64–66).

[104] La traducción de methistēmi (“transferir, remover, rechazar”) también es debatible. Apareciendo sólo cinco veces en el NT (Lucas 16:4; Hechos 13:22; 19:26; 1 Cor. 13:2; Col. 1:13), tres de esos simplemente significan “remover” (Lucas 16:4; Hechos 13:22; 1 Cor. 13:2), quedando sólo Hechos 19:26 para comparación: “Este Pablo persuade y aparta [methistēmi] a un gran número de personas.” La justificación para “transferido” en Col. 1:13 es extra-bíblica—es decir, Josefo (BDAG, 625). El punto de Pablo parece ser similar a Hechos 19:26—hemos sido apartadod del poder de las tinieblas en torno a la parusía y el reino del Hijo (cf. 1 Cor. 1:7; Fil. 3:20; 1 Tes. 1:10).

[105] Heinrich A. W. Meyer ha abogado aquí por el aoristo proléptico:

El asunto debe ser concebido localmente (εἰς ἕτερον τόπον, Plat. Legg. vi. p. 762 B), de modo que la liberación del poder de las tinieblas parece estar unida a la transferencia al reino. . . es decir, al reino del Mesías, Efe. 5:5; 2 Ped. 1:11; porque esto y nada más es lo que ἡ βασιλεία Χριστοῦ (τοῦ Θεοῦ, τῶν οὐρανῶν) quiere deciren todos los pasajes del N. T. Comp. 4:11; y ver en Rom. 14:17; 1 Cor. 4:20; Mat. 3:2, 6:10. El μετέστ aoristo, se explica cuando el asunto se concibe prolépticamente (τῇ γὰρ ἐλπίδι ἐσώθημεν, Rom. 8:24), como algo ya consumado (comp. en ἐδόξασε, Rom. 8:30) (Critical and Exegetical Handbook to the Epistles to the Philippians and Colossians, ed. William P. Dickson, trans. John C. Moore [Edinburgh: T & T Clark, 1875], 270–71; itálicas en el original).

John Harrigan

John Harrigan

Autor

John es un plantador de iglesias y misiólogo que vive en Northwest, Arkansas con su esposa Lydia y sus cuatro hijos. El viaja y enseña acerca de la Cruz, la gran comisión y el regreso de Jesús. Pueden visitar su sitio web gospelofchristcrucified.com.