Apo 22:17, 20  “El Espíritu y la esposa dicen: “Ven.” Y el que oye [el evangelio], diga: “Ven.” Y el que tiene sed, venga; y el que desee, que tome gratuitamente del agua de la vida. […] El que testifica de estas cosas dice: “Sí, vengo pronto.” Amén. Ven, Señor Jesús.”

En esta hora de la historia Dios está despertando a su iglesia ante la gloriosa realidad de que su Hijo Jesús está a punto de regresar. Más y más creyentes se están fortaleciendo en la fe y esperanza del evangelio al unirse al gran coro global que clama incesantemente: “¡Ven Señor Jesús!” ¡Sí, Maranata[1], ven Señor Jesús!

Por eso Dios también está derramando su Espíritu para traer convicción al mundo, para enseñarnos todo acerca de Jesús y su Reino, guiarnos a toda verdad, y hacernos saber lo que habrá de venir.

Jua 14:26 “Pero el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en Mi nombre, El les enseñará todas las cosas, y les recordará todo lo que les he dicho.

Jua 16:8-15 “Y cuando El venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio;  de pecado, porque no creen en Mí; de justicia, porque Yo voy al Padre y ustedes no Me verán más; y de juicio, porque el príncipe de este mundo ha sido juzgado. “Aún tengo muchas cosas que decirles, pero ahora no las pueden soportar. “Pero cuando El, el Espíritu de verdad venga, los guiará a toda la verdad, porque no hablará por Su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oiga, y les hará saber lo que habrá de venir. “El Me glorificará, porque tomará de lo Mío y se lo hará saber a ustedes. “Todo lo que tiene el Padre es Mío; por eso dije que El toma de lo Mío y se lo hará saber a ustedes.

Aquellos que escuchan lo que el Espíritu dice a las iglesias (Ap. 2:7, 11, 17, 29; 3:6, 13, 22), pueden también oír Su clamor y comenzar a clamar junto a Él: ¡Ven Señor Jesús! Los sedientos, también escuchan la invitación de venir y tomar gratuitamente del agua de la vida.

Isa 55:1-3 “Todos los sedientos, vengan a las aguas; Y los que no tengan dinero, vengan, compren y coman. Vengan, compren vino y leche sin dinero y sin costo alguno. ¿Por qué gastan dinero en lo que no es pan, Y su salario en lo que no sacia [las cosas pasajeras de este mundo]? Escúchenme atentamente, y coman lo que es bueno, Y se deleitará su alma en la abundancia [los manjares de la tierra prometida en el siglo venidero]. Inclinen su oído y vengan a Mí, Escuchen y vivirá su alma [en la resurrección]. Y haré con ustedes un pacto eterno, Conforme a las fieles misericordias mostradas a David.

Jua 4:10-14 Jesús le respondió: “Si tú conocieras el don de Dios [el Espíritu Santo, ver Hch. 2:28; 10:45; Heb. 6:4], y quién es el que te dice: ‘Dame de beber,’ tú Le habrías pedido a El, y El te hubiera dado agua viva [agua orriente, lo opuesto a agua empozada].” Ella Le dijo: “Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo; ¿de dónde, pues, tienes esa agua viva? “¿Acaso eres Tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio el pozo del cual bebió él mismo, y sus hijos, y sus ganados?” Jesús le respondió: “Todo el que beba de esta agua volverá a tener sed, pero el que beba del agua que Yo le daré, no tendrá sed jamás, sino que el agua que Yo le daré se convertirá en él en una fuente de agua que brota para vida eternal [en la resurrección].”

Jua 7:37-39 En el último día, el gran día de la fiesta [la fiesta de los tabernáculos, v.2, en la cual se anticipaba la venida del Reino del Mesías cuando desde su templo fluirá el río de vida, ver Ez. 47; Zac. 14:16], Jesús puesto en pie, exclamó en alta voz: “Si alguien tiene sed, que venga a Mí y beba. “El que cree en Mí, como ha dicho la Escritura: ‘De lo más profundo de su ser brotarán ríos de agua viva.'” Pero El decía esto del Espíritu, que los que habían creído en El habían de recibir; porque el Espíritu no había sido dado todavía, pues Jesús aún no había sido glorificado.

Al recibir el Espíritu Santo como garantía de nuestra herencia del Reino en el siglo venidero, somos saciados y consolados en nuestra peregrinación para poder perseverar hasta el fin. También somos santificados para ser dignos de heredar ese Reino en la venida del Señor y la resurrección de los muertos.

2Co 1:3-22 Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela [por el Espíritu, ver Jn. 14:26] en todas nuestras tribulaciones, para que también nosotros podamos consolar a los que están en cualquier aflicción, dándoles el consuelo con que nosotros mismos somos consolados por Dios. Porque así como los sufrimientos de Cristo son nuestros en abundancia, así también abunda nuestro consuelo por medio de Cristo. Pero si somos atribulados, es para el consuelo y salvación de ustedes; o si somos consolados, es para consuelo de ustedes, que obra al soportar las mismas aflicciones que nosotros también sufrimos. Y nuestra esperanza respecto de ustedes está firmemente establecida, sabiendo que como son copartícipes de los sufrimientos, así también lo son de la consolación [del Espíritu]. Porque no queremos que ignoren, hermanos, acerca de nuestra aflicción sufrida en Asia. Porque fuimos abrumados sobremanera, más allá de nuestras fuerzas, de modo que hasta perdimos la esperanza de salir con vida. De hecho, dentro de nosotros mismos ya teníamos la sentencia de muerte, a fin de que no confiáramos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos, el cual nos libró de tan gran peligro de muerte y nos librará, y en quien hemos puesto nuestra esperanza de que El aún nos ha de librar. Ustedes también cooperaron con nosotros con la oración, para que por muchas personas sean dadas gracias a favor nuestro por el don [del Espíritu] que nos ha sido impartido por medio de las oraciones de muchos [Luc. 11:13]. Porque nuestra satisfacción es ésta: el testimonio de nuestra conciencia que en la santidad y en la sinceridad que viene de Dios, no en sabiduría carnal sino en la gracia de Dios, nos hemos conducido en el mundo y especialmente hacia ustedes. Porque ninguna otra cosa les escribimos sino lo que leen y entienden, y espero que entenderán hasta el fin; como también ustedes nos han entendido en parte que nosotros somos el motivo de su gloria, así como también ustedes la nuestra en el día de nuestro Señor Jesús [a la luz de ese Día perseveramos en las tribulaciones siendo sostenidos por el consuelo del Espíritu].  […] Pues tantas como sean las promesas de Dios [acerca del siglo venidero], en El todas son sí. Por eso también por medio de El, es nuestro Amén, para la gloria de Dios por medio de nosotros. Ahora bien, el que nos confirma con ustedes en Cristo y el que nos ungió, es Dios, quien también nos selló y nos dio el Espíritu en nuestro corazón como garantía.

2Co 5:4-5  Porque asimismo, los que estamos en esta tienda, gemimos agobiados, pues no queremos ser desvestidos, sino vestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida. Y el que nos preparó para esto mismo es Dios, quien nos dio el Espíritu como garantía.

Efe 1:13-14  En El también ustedes, después de escuchar el mensaje de la verdad, el evangelio de su salvación, y habiendo creído, fueron sellados en El con el Espíritu Santo de la promesa, que nos es dado como garantía de nuestra herencia, con miras a la redención de la posesión adquirida de Dios , para alabanza de Su gloria.

Para aquellos que aman al Señor con todo su corazón, alma, mente y fuerza, no hay mayor deseo en sus corazones sino el deseo de verlo cara a cara y estar con Él para siempre. Cualquier otro deseo vano o falsa esperanza es consumido por el fuego ardiente de nuestra pasión y anhelo por el Hijo de Dios y su Reino.

Amar al Señor Jesús es amar su venida y vivir como es digno de Él y del Reino que El establecerá sobre las naciones de la tierra. Por amor a Él renunciamos a la vanidad y perversión de este presente siglo malo (Gal. 1:4) y peleamos la buena batalla de la fe al tomar nuestra cruz, negando los deseos de nuestra carne, y confiando que el Señor nos recompensará en su venida.

2Ti 4:7-10  He peleado la buena batalla, he terminado la carrera, he guardado la fe. En el futuro me está reservada la corona de justicia que el Señor, el Juez justo, me entregará en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman Su venida. Procura venir a verme pronto, pues Demas me ha abandonado, habiendo amado este mundo presente…

Nuestro clamor es el mismo del salmista Asaf quien en medio de pruebas y tribulaciones declaró que el Señor y sólo el Señor era su único deseo y esperanza.

Sal 73:21-26  Cuando mi corazón se llenó de amargura, Y en mi interior sentía punzadas, Entonces era yo torpe y sin entendimiento; Era como una bestia delante de Ti. Sin embargo, yo siempre estoy contigo; Tú me has tomado de la mano derecha. Con Tu consejo me guiarás [por el Espíritu], Y después me recibirás en gloria [en Su venida]. ¿A quién tengo yo en los cielos, sino a Ti? Fuera de Ti, nada deseo en la tierra. Mi carne y mi corazón pueden desfallecer, Pero Dios es la fortaleza de mi corazón y mi porción para siempre.

Este era el mismo deseo, esperanza y visión de los apóstoles y los creyentes del Nuevo Testamento.

1Co 1:4-8  Siempre doy gracias a mi Dios por ustedes, por la gracia de Dios que les fue dada en Cristo Jesús. Porque en todo ustedes fueron enriquecidos en El, en toda palabra y en todo conocimiento, así como el testimonio acerca de Cristo [el evangelio de Su Reino] fue confirmado en ustedes [por el poder del Espíritu]; de manera que nada les falta en ningún don, esperando ansiosamente la revelación de nuestro Señor Jesucristo. El también los confirmará hasta el fin, para que sean irreprensibles en el día de nuestro Señor Jesucristo.

Efe 1:15-21  Por esta razón también yo, habiendo oído de la fe en el Señor Jesús que hay entre ustedes, y de su amor por todos los santos, no ceso de dar gracias por ustedes, mencionándolos en mis oraciones, pido que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, les dé espíritu de sabiduría y de revelación en un mejor conocimiento de El. Mi oración es que los ojos de su corazón les sean iluminados, para que sepan cuál es la esperanza de Su llamamiento [el Reino y la resurrección en la venida de Jesús], cuáles son las riquezas de la gloria de Su herencia en los santos [en el siglo venidero], y cuál es la extraordinaria grandeza de Su poder [para resucitarnos de entre los muertos] para con nosotros los que creemos, conforme a la eficacia de la fuerza de Su poder. Ese poder obró en Cristo cuando Lo resucitó de entre los muertos y Lo sentó a Su diestra en los lugares celestiales, muy por encima de todo principado, autoridad, poder, dominio y de todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo sino también en el venidero.

Flp 1:9-11  Y esto pido en oración: que el amor de ustedes abunde aún más y más en conocimiento verdadero y en todo discernimiento, a fin de que escojan lo mejor, para que sean puros e irreprensibles para el día de Cristo; llenos del fruto de justicia que es por medio de Jesucristo, para la gloria y alabanza de Dios [en ese Día].

2Ts 1:3-10  Siempre tenemos que dar gracias a Dios por ustedes, hermanos, como es justo, porque su fe aumenta grandemente, y el amor de cada uno de ustedes hacia los demás abunda más y más. Por lo cual nosotros mismos hablamos con orgullo de ustedes entre las iglesias de Dios, por su perseverancia y fe en medio de todas las persecuciones y aflicciones que soportan. Esta es una señal evidente del justo juicio de Dios, para que sean considerados dignos del reino de Dios, por el cual en verdad están sufriendo. Porque después de todo, es justo delante de Dios que El pague con aflicción a quienes los afligen a ustedes. Pero que El les dé alivio a ustedes que son afligidos, y también a nosotros, cuando el Señor Jesús sea revelado desde el cielo con Sus poderosos ángeles en llama de fuego, dando castigo a los que no conocen a Dios, y a los que no obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesús. Estos sufrirán el castigo de eterna destrucción, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de Su poder, cuando El venga para ser glorificado en Sus santos en aquel día y para ser admirado entre todos los que han creído; porque nuestro testimonio ha sido creído por ustedes.

[1] G3134 μαρὰν ἀθά marán adsa de origen caldeo (significa nuestro Señor ha venido); maranata, i.e. exclamación del juicio divino que se aproxima: El Señor viene.

Henry Bruno

Henry Bruno

Coordinador y maestro

Henry es un discípulo de Jesús, esposo de Aneliz y padre de cuatro hermosas hijas. Su pasión es hacer discípulos que estén firmes en el evangelio, dando testimonio de la verdad y preparados para recibir a Jesús de los cielos al perseverar en fe, esperanza y amor hasta el fin del siglo. Actualmente se encuentra en el Medio Oriente donde sirve al Señor junto a su familia. Pueden contactarlo a henryespera@gmail.com.