La disposición divina

por | Sep 2, 2013 | Artículos, John Harrigan, Recursos

Jesús dijo que era “necesario” que El sufriera antes de entrar en Su gloria (Lu. 24:26). De igual forma Pablo dijo, “era necesario que el Cristo padeciera” (Hch. 17:3). Esto ocurrió “por el plan predeterminado y el previo conocimiento de Dios” (Hch. 2:23), y fue considerado de primera importancia: “Que Cristo murió por nuestros pecados conforme a las Escrituras” (1 Cor. 15:3). El Mesías fue enviado conforme a una disposición divina, la cual envuelve los pecados de la humanidad, la santidad de Dios, y el juicio que está por venir.

La necesidad de la muerte del Mesías estaba basada principalmente en la realidad de los sacrificios (ver Rom. 3:25; Efe. 5:2; Heb. 10:12), porque “sin derramamiento de sangre no hay perdón” (Heb. 9:22). Aunque esto es generalmente extraño para la mente moderna, la expiación era la piedra angular del pensamiento apostólico. La humanidad está separada de su Creador, y hay un plan determinado para que haya reconciliación.

Este plan sacrificial es presentado en el Antiguo Testamento por medio de profecías directas (Exo. 29:38ss; Heb. 10:11), la serpiente en el poste (Num. 21; Jn. 3:14s), etc. En cada una de estas situaciones, Dios es quien decide como serán solucionados los efectos del pecado. Y siempre es una disposición directa. Aquellos que aceptan Su plan y lo obedecen son salvos; los que lo rechazan recibirán ira. Así también la muerte del Mesías es entendida como una prescripción directa para el pecado del hombre. Como todos están bajo condenación divina y les espera juicio eterno (ver Rom. 3; Efe. 2), “así también Cristo, habiendo sido ofrecido una vez para llevar los pecados de muchos, aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvación de los que ansiosamente lo esperan” (Heb. 9:28).

Quienes aceptan por fe la disposición divina de la Cruz serán salvos en el Día del Señor (ver Rom. 5:1-9; 9:30ss). Quienes hacen “nula la gracia de Dios” (Gal. 2:21) serán hallados en ese Día sólo “teniendo [su] propia justicia” (Fil. 3:9). Como aquellos que durante la Pascua rehusaron poner la sangre sobre sus puertas, serán hallados como violadores de la disposición. Serán considerados “enemigos de la cruz de Cristo (Fil. 3:18), y su fin será destrucción. Ante tal realidad, creamos las Escrituras y sometámonos “a la justicia de Dios” (Rom. 10:3). Dejemos atrás nuestros propios esquemas y continuemos por fe para obtener el premio de la vida eterna (Fil. 3:13s).

John Harrigan

John Harrigan

Autor

John es un plantador de iglesias y misiólogo que vive en Columbia, SC con su esposa Lydia y sus cuatro hijos. El viaja y enseña acerca de la Cruz, la gran comisión y el regreso de Jesús.  Su sitio web es gospelofchristcrucified.com.