La tradición profética y el don del Espíritu

por | 9 Ago, 2015 | Artículos, Bill Scofield

El Espíritu y los Profetas

En la tradición judía temprana el Espíritu Santo tenía un rol muy claro. El Espíritu Santo era el agente dado por Dios por el cual dirigiría a la congregación. Eso se refleja en el hecho de que el Espíritu reposó sobre Moisés (Núm. 11:17), sobre los jueces de Israel (Jue. 3:10), y más adelante sobre David (Sal. 51:11) para que dirigieran a la congregación. También se podría decir que el Espíritu le fue dado a los profetas para realizar el trabajo de un profeta. El vínculo entre el Espíritu Santo y el profeta era tan concreto en la mente de los judíos que la literatura judía temprana utiliza ‘Espíritu Santo’ y ‘Espíritu de profecía” como sinónimos.

El Espíritu era dado tanto para instruir a los profetas como para fortalecerlos a fin de que proclamaran el mensaje de Dios. La fortaleza de parte de Dios era vital para el llamado profético ya que el mensaje de los profetas no sólo era contrario al de los consejeros y falsos profetas más populares, sino debido a que el mensaje también enfatizaba la culpabilidad de la nación ante Dios y los llamaba al arrepentimiento.

Además, no hay otro escenario en el que se nos comuniquen las historias de los profetas. Los profetas aparecían exclusivamente en un escenario de idolatría rampante e injusticia con cada escena concluyendo de manera similar – la marginación, persecución y comúnmente el martirio del profeta. Que tal respuesta era anticipada es evidente por la renuencia de los profetas cuando eran comisionados por Dios para llevar Su mensaje.

Jesús y la tradición profética

La vida de Jesús es presentada dentro de esta misma tradición y es articulada por medio del mismo paradigma. Su ministerio comenzó al recibir públicamente el Espíritu Santo, lo cual habría sido entendido de manera muy clara por quienes presenciaron Su bautismo El era un profeta de Dios. También apareció en el mismo escenario que los profetas antes que él, con un mensaje de confrontación cultural, llamando a la nación al arrepentimiento, siendo entonces rechazado, y finalmente asesinado.

Jesús también animó a Sus discípulos a verse a sí mismos dentro de esta misma tradición profética. Les esperaba una vida de dificultades y rechazo, tal como lo fue para los profetas antes que ellos.

“Bienaventurados aquéllos que han sido perseguidos por causa de la justicia, pues de ellos es el reino de los cielos. “Bienaventurados serán cuando los insulten y persigan, y digan todo género de mal contra ustedes falsamente, por causa de Mí. “Regocíjense y alégrense, porque la recompensa de ustedes en los cielos es grande, porque así persiguieron a los profetas que fueron antes que ustedes. (Mt 5:10–12)

“Si el mundo los odia, sepan que Me ha odiado a Mí antes que a ustedes. “Si ustedes fueran del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero como no son del mundo, sino que Yo los escogí de entre el mundo, por eso el mundo los odia. “Acuérdense de la palabra que Yo les dije: ‘Un siervo no es mayor que su señor.’ Si Me persiguieron a Mí, también los perseguirán a ustedes; si guardaron Mi palabra, también guardarán la de ustedes. (Jn 15:18–20)

Basándose en las tradiciones proféticas de Jeremías y Ezequiel, Jesús también les dio a entender que habrían falsos profetas (Mat. 24:10s). Los falsos profetas aparecieron como ovejas, pero por dentro eran lobos rapaces (Mat. 7:15). Este fue el contexto implícito de su propio llamado. Fueron enviados como ovejas – como los profetas antes que ellos – en medio de una cultura de lobos – es decir, de falsos profetas (Mat. 10:15).

Sin embargo, su papel como verdaderos mensajeros de Dios no se basó únicamente en su asociación con El. Ellos también, después de haber sido enviados como apóstoles (Luc. 6:12) fueron advertidos por Jesús (Luc. 6:20 ‘Volviendo su vista hacia Sus discípulos, decía…’), diciédoles que debían purificar su propio testimonio de señales externas que fueran la marca distintiva de los falsos profetas.

“¡Ay de ustedes, cuando todos los hombres hablen bien de ustedes! Porque de la misma manera trataban sus padres a los falsos profetas. (Luc. 6:26)

Su propio llamado, como los profetas antes que ellos, asumiría rechazo y sufrimiento.

“Bienaventurados son ustedes cuando los hombres los aborrecen, cuando los apartan de sí, los colman de insultos y desechan su nombre como malo, por causa del Hijo del Hombre. “Alégrense en ese día y salten de gozo, porque su recompensa es grande en el cielo, pues sus padres trataban de la misma manera a los profetas. (Luc. 6:22–23)

Así, este modelo de vida, marcado por el desacuerdo, la marginación, la persecución y el martirio llegó a definir las vidas de Juan el Bautista, Jesús, Esteban, Pablo y los otros apóstoles. Era el ‘estilo de vida’ apostólico (1 Cor. 4:17) – no sólo porque fue la forma en que vivieron los apóstoles, sino porque fue el estilo de vida que enseñaron.

Pablo insta y advierte a los Corintios en contra de un estilo de vida inapropiado. Las cosas que distinguieron a Pablo como un profeta/apóstol enviado por Dios no fueron simplemente marcas de su apostolado, sino más bien un modelo de vida que debía ser imitado.

Porque pienso que Dios nos ha exhibido a nosotros los apóstoles en último lugar, como a sentenciados a muerte. Porque hemos llegado a ser un espectáculo para el mundo, tanto para los ángeles como para los hombres. Nosotros somos necios por amor de Cristo,…Nosotros somos débiles…nosotros, sin honra. Hasta el momento presente pasamos hambre y sed, andamos mal vestidos, somos maltratados y no tenemos dónde vivir. Nos agotamos trabajando con nuestras propias manos. Cuando nos ultrajan (insultan), bendecimos. Cuando somos perseguidos, lo soportamos. Cuando hablan mal de nosotros, tratamos de reconciliar. Hemos llegado a ser, hasta ahora, la basura del mundo, el desecho de todo. No les escribo esto para avergonzarlos, sino para amonestarlos como a hijos míos amados. Porque aunque ustedes tengan innumerables maestros en Cristo, sin embargo no tienen muchos padres; pues en Cristo Jesús yo los engendré por medio del evangelio. Por tanto, los exhorto: sean imitadores míos. (1 Cor. 4:9–16)

De igual forma, Pablo le aseguró a la congregación que sufría en Tesalónica que habían sido ‘destinados para esas cosas’ (1 Tes. 3:3s) como fieles mayordomos del testimonio de Dios (1 Tes. 1:8s). Pedro también le aseguró a la congregación de la diáspora que no debían ver el sufrimiento ni las pruebas como algo extraño (1 Ped. 4:12).

El autor de Hebreos enfatiza el mismo patrón de vida que definió la vida de los profetas y patriarcas como una ‘nube de testigos’. (Tenga en cuenta que un ‘testigo’ Bíblico no es uno que observa, sino uno que testifica acerca de algo – es decir, el Evangelio. Por lo tanto, nos están dando testimonio, no observándonos.) Las vidas de los hombres que fueron ‘apedreados’, ‘aserrados en dos’, ‘condenados a muerte’, etc… se han convertido para nosotros en una nube o asamblea de testigos acerca del camino hacia la vida eterna.

El sufrimiento antes de la gloria

Nadie soporta tales cosas a base de su virtud inherente, sino porque tiene una esperanza en Dios que ha demostrado ser inquebrantable a lo largo de muchas pruebas. Tal es el camino de todos los profetas, y de todos los que heredarán la vida eterna – sufrimiento antes de la gloria. Los sufrimientos de la época actual no son dignos de ser comparados con la gloria que será revelada en nosotros en la resurrección de entre los muertos (Rom. 8:18, 23). La seguridad de que la vida eterna les espera a aquellos que son conformados a la imagen de Cristo en su muerte (Fil. 3:10s) es la obra que el Espíritu realiza en nosotros.

Al igual que los profetas antes que nosotros, el dar testimonio de la verdad nos establece en un patrón de vida que demuestra y prueba nuestra esperanza en Dios. El avergonzarnos del testimonio de Dios es seguir la tradición de los falsos profetas – amando este presente siglo, buscando una vida de comodidad, rodeados de la admiración de los hombres. Busquemos mejores cosas. Como le fue dicho a un buen amigo mío,

‘”Sólo se vive una vez”, dicen ellos. Están totalmente equivocados. Vamos a vivir de nuevo.’

Bill Scofield

Bill Scofield

Coordinador y maestro

Bill es un maestro de la Biblia, esposo y padre de cinco hijos y una hija. El y su esposa Charis ayudan a supervisar The Watch (La Vigilia) – una comunidad de creyentes dedicados a la oración en Redding, California. Como hijo de misioneros Bill vivió en Guatemala por muchos años y por eso tiene un gran amor por Latinoamérica. Su ministerio se enfoca en preparar a otros para el Día del Señor y su Reino venidero por medio de la enseñanza de la Biblia, el discipulado y las misiones. Pueden visitar su sitio billscofield.com o contactarlo a wscofield@gmail.com.